jueves, 28 de noviembre de 2013

Escrito en hoja random

Solo quiero
irme, irme lejos
donde nadi
pueda verme,
donde pueda ser
yo y reirme como una
loca.
Donde vea las estrellas
donde nadie me encuentre.
Solo quiero fugarme
irme de esta
carcel sin rejas
sin policias, sin
alarmas.
Quisiera volar lejos
asi como los pájaros
conocer lugares distantes
donde no puedan atraparme
Un lugar donde estar sola
hasta que me canse y
decida volver
Adonde todos me vean
adonde todos me amen

Despertar

Hoy me desperté soñando
soñando mil barbaridades
Soñé cosas imposibles
y cosas improbables

Hoy me desperté llorando
lágrimas en mi almohada
soñé que me dejaste
y me sentía tan desolada

Hoy me desperté gritando
como con un ataque de histeria
habías muerto frente a mis ojos
convirtiendo la vida en miseria

Hoy no desperté nunca
porque no había dormido
temiendo más sueños caoticos

que pudiesen ser cumplidos


Hoy desperté desesperada
porque no estabas conmigo
recordé que estabas en tu casa
y nada volvió a ser lo mismo

Hoy desperté con miedo
sintiendome observada
me habías engañado con otra
y ya no me amabas

Hoy me has dicho que duerma
y te acostaste a mi lado
pude dormir tranquila
sin soñar nada malo

Hoy me desperté junto a ti
encontrandome entre tus brazos
contigo duermo tranquila
porque me amas y te amo

lunes, 4 de noviembre de 2013

O bixo do coco

El Cuco entro en mi casa. No dejo nada, solo tristeza, pero así es como actúa. Yo no tengo niños que el Cuco me lleve por eso se llevó a mi niño interior. Quizás solamente para ver cómo me destruía lentamente.
Entró como un vendaval. Sacudió las cortinas, rompió los platos, tumbó los muebles, mató al gato y al final, se acercó a mí. Me miró con sus ojos vacíos, llenos de nada y sentí frio. Un frio feroz que me congeló las extremidades. Sentí mi felicidad irse, abandonarme. Entonces estuve seguro de que estaba acabado. Y antes de desvanecerse en la oscuridad me dijo "Si te escapas, el Cuco va a encontrarte". Su voz era extrañamente dulce, como la de una madre angustiada. Porque el Cuco era una mujer.
Vivía las horas como días, las semanas como años y los meses como siglos. Paso un año lleno de desgracias, todo causado por el Cuco. Pero el tiempo cura todos los males y yo aprendí a vivir sin esa alegría de quienes tienen su niño interior. Pero sentía algo como satisfacción. Una secreta satisfacción a la vida.
Pero entonces el Cuco volvió. Con su suspiro gélido y su voz de ángel me volvió a decir "Si te escapas, el Cuco va a encontrarte". Entonces lo entendí, mi niño interior estaba volviendo, escapando de la jaula del Cuco. Ella me miró con sus ojos de rosas negras, llenos de rocío. Entonces no sentí nada. Era como si, de pronto ya no existiera nada más que yo. No tenía pulso ni lo necesitaba. El Cuco me había matado y yo ya no existía.
Aún así, lentamente, fui recuperando mis sentidos. Hacía frío y tenía un sabor metálico en la boca. Los labios cuarteados me dolían y la lengua pastosa me raspaba el paladar. Abrí los ojos y solo vi líneas de plata. Eran barrotes, en una cueva sombría y sentada en una roca estaba el Cuco. Tocaba una ocarina púrpura, llenando los recovecos de la cueva con notas melancólicas. "Yo debía matarte" Dijo el Cuco "Pero eso no te acabaría, así que te quité lo que un hombre necesita antes que la vida...la libertad". Y siguió tocando su ocarina, llenando de notas tristes mi corazón.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Estrellas de ciudad


Son las 5 de la mañana y hace frío, pero heme aquí... Sentada frente a este montón de teclas desordenadas. El latido de la computadora me mantiene insomne y esa música que suena en mi cabeza cuando hay silencio. Pero cuando me pongo a escribir, en mi mente se relatan las palabras, retumban haciendo eco. Miro por entre las rendijas de la persiana y no veo el sol, como otras veces. Solo la amarga inmensidad de la noche. En otros lares el cielo se cubre de estrellas, haciendo una amalgama de colores y brillos, como purpurina estelar. Pero aquí, en medio de una ciudad infesta, no hay estrellas, no al menos los millares que debería haber. Hay unas 20 estrellas escuálidas, que titilan perezosas, ocultas por las nubes, la polución y las luces. Las estrellas aquí son haraganas, no quieren brillar ferozmente como en otros lugares; no, se quedan reservando energía para cuando lleguen a esos lugares. Son estrellas efímeras, que ven a la luna brillando y brillando como la vedette del cielo y ellas se sienten disminuidas, humilladas. No ven la hora de que sea luna nueva y ella se vaya a pavonearse a otro cielo de otra noche, ojalá de otro mundo. Las estrellas, aquí, son hipócritas envidiosas; ven que una hermana brilla más y se desasen en elogios, pero rechinan los dientes por lo bajo y maldicen el brillo que no tienen. Aquí algunas estrellas son acomplejadas; se ven, todas mustias y apagadas y tratan de esconderse, de ocultarse del ojo escrutador. Intentan robarle un poco de brillo a la luna y taparse con eso, disimular. A veces hay estrellas viajeras, y estas se destacan por ser rojizas. Llegan de vez en cuando, reflejando la luz de quién sabe qué planeta, hablando de las maravillas del universo, causando suspiros y envidia. En la cúpula estelar de mi ciudad jamás esperen ver una nebulosa. Esas ornamentaciones orquestadas de millones de estrellas, en donde cada una sabe el lugar que le corresponde y el que se merece. Se pavonean todas juntas, viajando solo por cielos selectos, solo en las noches más oscuras, más románticas. Muy de vez en cuando hay, en otros lugares, lluvias de meteoritos, me han dicho. Son como millones de estrellas fugaces que surcan el cielo en una trifulca celestial. En ese momento las estrellas se quedan quietecitas, quietecitas, no vaya a sr que por accidente las choquen y las apaguen. En mi ciudad el cielo es azul oscuro y no se distingue la división con el mar. En Mi ciudad las estrellas son casi humanas, sintiendo las emociones que nosotros dejamos atrás. En mi ciudad las estrellas miras a la gente; miran a una adolescente muriéndose de frío frente a un teclado y una pantalla, escribiendo.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Silencio

Silencio,
Vacío.
El silencio es una música
Una música para quien sabe oírla
El silencio es nada
Pero es todo
Sin silencio no hay vida
Porque en silencio crecemos
En el sonido cambiamos
Es la vida que nos cambia
Es el silencio que nos cría
Somos hijos del silencio
Silencio
Vacío
Quizás para algunos
Nada
Para otros es todo
Para los músicos
Es un descanso
Una pausa dramática
Para los artistas es inspiración
O desesperación
Tanto como para los escritores
Nacimos del silencio
Y el silencio es quien
Nos llevará con él
A nuestra última morada.
Silencio, Vacío
Nada


viernes, 12 de julio de 2013

Te extraño

Te extraño
siento el vacío en mi pecho
me falta el aire
no puedo respirar.
Me duele el corazon
con cada latido
con cada bombeo de sangre amarga
Es como si estuviera incompleta
vacía
Me falta tu mano
siempre junto a la mia
tu respiracion en mi cuello,
tus besos en mis labios.
Y duele,
duele como una espina clavada
cuando no puedo sacarla
y solo se mueve lentamente
lastimándome.
Tu ausencia duele
pero está la esperanza
que hace que no caiga
desesperadamente en la locura
Siempre podre volver a verte
estaras ahi,
con besos en los labios
y un millon de palabras de amor.
Te extraño
porque te amo
te amo con locura
una locura casi normal,
compltamente extraña
Es mi locura
es la locura en la que caigo
cuando te vas
y me dejas con mi soledad
Te amo
amor mio
y eso me hace extrañarte
Te extraño
amor mio
tanto que no puedo respirar


domingo, 30 de junio de 2013

Entre el cielo y el mar

Entre el cielo y el mar no hay nada. Aunque quizá si. Quizas hay un mundo de mariposas que vuelan frente a nuestros ojos. Mariposas que no vemos por intentar ver más allá, más al futuro. Entre el cielo y el mar es donde viven los sueños, las esperanzas. Pero entre el cielo y el mar no hay nada. A veces hay cosas que nadie conoce, que nadie sabe. Esas cosas que dicen los locos, los inadaptados, los rebeldes. Cosas que nadie ve, o que nadie quiere ver. Quizas entre el cielo y el mar hay ilusiones, o quizas esten esas palabras que nunca dijimos y tendríamos que haber dicho. Entre el cielo y el mar esta el paraíso,  tambien el infierno. Entre el cielo y el mar no hay nada de nada. De vez en cuando pueden encontrarse unicornios, hadas y sirenas, mucho menos comunes son los dragones. Entre el cielo y el mar esta la soberbia de los niños; esa soberbia que aun no les llega, pero les llegará. Entre el cielo y el mar estan los deseos pedidos a las estrellas fugaces, a las vaquitas de San Antonio, a los panaderos, a los dientes de león, a las luciernagas. Entre el cielo y el mar esta la mágia, esta magia que crece en las almas de los niños y desaparece, desaparece sin rastro en la de los adultos. Pero no, no hay nada entre el cielo y el mar, pero solo según el pensamiento lógico. Dime tú, ¿qué ves entre el cielo y el mar?

domingo, 23 de junio de 2013

Sin titulo en absoluto


Solté un suspiro con desagrado, el aire exhalado se convirtió en vaho al salir de mi boca. Me tapé bien con mi bufanda roja y abrí el paraguas. Así, bajo techo, como tentando a la suerte. Las gotas rebotaron en la tela impermeable y volvieron a caer al suelo. Miré el cielo, blanco y gris. El sol no se veía pero estaba presente a través de las lejanas masas de agua. Los blancos eran más blancos, los negros, más negros, los bordes más nítidos. Es como si la lluvia develara en cierta forma el mundo, dejando expuestos los verdaderos colores. Pisé de pronto un charco y desperté de mi ensoñación, vi el pantalón mojado y otra vez suspiré, otra vez vaho, otra vez me acomodo la bufanda. Miro el reloj y calculo la cantidad de tiempo que me queda. Aprieto el paso y me peino el pelo con la mano, acomodando los mechones rebeldes de mi flequillo. Pienso que los días de lluvia me hacen pensar, pienso que no tengo tiempo para pensar, y sigo camino al funeral.

domingo, 16 de junio de 2013

Desvarios

Hoy vengo a desvariar. A decir tonteras que no sirven. Que no importa, que divierten hasta a las pequeñas saltamontes que van a la escuela super maquilladas. Pintadas como puertas diría mi abuela. Pero mi abuela no dice nada, porque esta cosiendo, y cuando cose, calla. Cala, la cala es una flor, una flor blanca como las empanadas crudas. Solamente cuando tienen mucha harina. Arena, la arena esta formada por cilicio ¿Alguien sabe o que es el cilicio?Cielo cielito, nadie lo sabe, ¿saber que? Tonteras, nada que importe, que divierta, que nasca, que muera. Solamente mariposas, mariposas en la panza. Ese es un buen título para un libro. Aunque ni se de que sería. Lapices, lapiceras, boligrafos, birómenes, quizas, con suerte, plumas. Palomas arcoiris, gays, lesbianas, bisexuales. Abismos, encuentros, casualidades. Touch an' go. Nada mas que una noche en un motel. Aunque aca le llaman telos. Telones, de terciopelo rojo, tirado por el telonero. El telonero, un hombrecito invisible, desconocido, desvlorizado. Triste suicida involuntario. Suicidio, una palabra hermosa que suena horrible. Suicidio. Creo que alguien ya se habrá suicidado por mi, lejos, en algún lugar. No creo en Dios, ni en el diablo, ni en Alá, Jehova, o Buda, ni en Mephisto. Nada mas creo en mi y en los humanos...un poco en la teomancia.

viernes, 7 de junio de 2013

Malo malo

¿Alguna vez has hecho algo malo? Algo que no fue a drede, pero que es una aberración, Estas cosas de las que uno se arrepiente por mucho tiempo. Esas cosas terribles que tratas de no recordar, pero son recurrentes, no quieren alejarse de tu mente aunque las espantes. Y cuanto más intentas olvidarlas, sacarlas de tu mente, más se aferran a tu memoria. Esas cosas que duelen, que desestabilizan el alma y el cuerpo. Esas cosas malas. ese tipo de cosas malas.
 Cosas malas que te hacen sentir inutil, inepta, tonta o simplemente imbesil. Errores, errores que no pensabas cometer nunca. Cosas. Cosas malas.

lunes, 3 de junio de 2013

Por qué escribo?

 Una amiga me preguntó por qué escribía. En su opinion es algo un tanto inutil...sobran opiniones. Yo me quedé pensando y le dí una respuesta simple, algo como "Porque me gusta y me entretiente" Pero la pregunta me quedó dando vueltas en la cabeza.

¿Por qué escribo?


 Escribo porque puedo, y porque me libera. Siento que escribir es sacar lo bueno y lo malo de mi y dejarlo en un lugar. Papel, computadora, boleto de colectivo. Todo sirve. Escribo porque me sale solo, a veces sin que quiera. Como esas veces en medio de clases que mi mente y mi imaginación se desvían hacia la atractiva hoja en blanco. Escribo porque sino me duele, un dolor tranquilo, un dolor que no duele. Pero si. No, no tiene ningún sentido... Escribo porque me gusta (creo que eso es obvio), porque me llena, porque me ayuda a seguir. Escribo porque la escritura siempre estuvo conmigo cuando todo iba mal. Le debo mucho a la escritura y escribiendo es como le pago. Escribo, escribo para plasmar mis sentimientos, mis ideas, mis emoiones, mis penurias, mis alegría y demas en un lugar. Un lugar atemporal. Las letras siempre van a existir. Siempre alguien va a poder leer lo que yo alguna vez escribí.
No escribo para tener fama ni fortuna. No escribo para alrdear de ello. No escribo porque alguien me obligue. No escribo por moda ni por presión social. No escribo para parecer, ni para aparentar. Escribo porque me sale, porque me sale lindo.

Escribo por placer. Escribo porque vivo las vidas y las muertes de todos mis personajes. Al parecer he muero muchas veces.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Hay vida


No hay nada
Nada más
Ni existe un final
Solo un comienzo
Hay un pasado
¿Hay un futuro?
Hay vida
Hay aire y agua
Hay fuego y tierra
Hay vida
Es un mundo azul
Como las venas de la realeza
Como los ojos
Como todo, como nada
Hay colores
Hay blanco y negro
Hay gris
Hay vida
Si la eternidad es eterna
Fuimos eternos
Eternamente finitos
Hay amor y odio
Hay paz y guerra
Hay vida
Quizás haya vida en el más allá
Pero no lo se
Aquí hay,
Y es hermosa
Hay sentimientos
Emociones
Amoríos, pasiones y depresiones
Hay lucha por todo
Por el bien y por el mal
Hay vida
Hay muchas cosas
Pero no hay nada
Porque la vida es ilógica
Eso es lo que la hace vida y no historia
Hace que sea dinámica y bella
La vida es eso que pasa
Mientras ves por la ventana del colectivo
Hay vida
Hay peleas, pero hay perdón
Hay distancias y cercanías
Hay disgustos y alegrías
Porque hay muerte
Pero también hay vida
Todos los días
Hay funebreros y obstetras
Hay mucha gente
Hay vida
Hay mucha vida



Me gustan las cosas depresivas


Me gustan las cosas depresivas .Soy feliz con ellas. Es como una extraña relación que formé con ellas hace tiempo. Eran tiempos obscuros, relativamente. Estaba siempre triste, aunque nunca nadie se dio cuenta. Quizás porque yo disfrazaba bien mis lágrimas con una sonrisa o quizás porque nunca nadie se fijó en mis ojos demasiado. Porque yo la veía. Veía la tristeza y el vacío en el fondo de mis ojos. Eran ojos opacos con ojeras que iban y venían a su antojo. Escuchaba música que combinaba con mi estado anímico, triste y depresivo. Ahogaba mis penas en los trazos de mi lapicera, de mi tragedia. Escribía poesías deprimentes pero hermosas y, a su modo, ellas me acompañaban en mis noches de soledad y pensamientos existenciales. Así nació nuestra relación, las cosas depresivas eran mis cómplices, mis compañeras. Escondía mis lágrimas en mi almohada, que me recibía amorosamente las noches en que sentía que ya no podía más. Nunca supe bien qué era lo que causaba mi desazón. Creo que la razón quedó perdida entre poemas y lágrimas, dejándome sola con mis penas. Encontré a alguien, alguien que me amaba, alguien en quien podía refugiarme de los desconsuelos que me perseguían. Pero ya estaba muy herida, tenía una herida que mi silencio solo ahondaba. Herida y escondida detrás de una máscara de mentiras. Le sonreí a ese alguien y lo acepté con los brazos abiertos, esperando que pudiera llenar ese vacío en mi corazón y en mis ojos. Pasó un mes, dos, cuatro, y yo seguía igual. Mis escapes eran la poesía trágica y los besos de mi alguien. Me sentía morir por las noches cuando, además de mi propia melancolía, sentía la ausencia de mi alguien. El invierno no hacía más que empeorar las cosas. Los días grises y el frío solamente me daban ganas de quedarme en mi cama, donde me sentía a gusto. Desaprobé una materia, después fueron dos. Nunca en mi vida había desaprobado ningún trimestre. Las cosas no me salían. Ni matemática ni física ni geografía. Me dormía en literatura y en historia. Pasé por alto más de una clase de biología, mi materia favorita. Y escribía, escribía mis poemas en un cuaderno que guardaba con celo para que nadie lo leyera. Me corté un par de veces, pero solo cuando el dolor de adentro era mayor que el de afuera. Así me hice inmune al dolor. Me cerré un poco, pero no demasiado. El dolor no pudo quebrantar mi espíritu, y menos, mi personalidad. Siempre fui desenvuelta de naturaleza, cómica y alocada. Nunca dejé que me vieran mal, quizás porque nunca quise que mis amigos se pusieran mal por mí.
La llegada de la primavera, el sol y el calor me reconfortó. Poco a poco dejé de llorar y mis poemas tristes se matizaban con otros un poco más complacientes. Y así me fui alejando de las tragedias y las canciones tristes. Pero nunca corté la relación con las cosas depresivas. Siguen siendo mis compañeras, me acompañan dentro de la alegría. Dentro de esta monotonía satisfactoria en la que vivo. 

martes, 7 de mayo de 2013

El pájaro carpintero


Cuando era pequeña, al menos 6 años, siempre oía que alguien tocaba la puerta. Siempre corría a abrir, pensando que era mi mami después de un largo día de trabajo. Pero no, siempre estaba la entrada vacía, ya que mi mamá tenía llave y no precisaba tocar. Pero ¿Quién le explica so a una niña tan pequeña? Estaba en mi tierna infancia, y por eso estaba perdonada.
Habrán pasado dos años, siempre corriendo a abrir la puerta, siempre vacía. Hasta que un día, uno trágico y nefasto, se me ocurrió preguntarme por qué pasaba eso. Empecé a asumir que era algún gracioso que tocaba la puerta y corría a esconderse. Me quedé horas sentada al pie de la puerta, pero nunca pude atrapar al maldito niño que me molestaba. Quizás porque nunca lo hubo. En una de esas veces, que ya desesperada abría la puerta de un golpe, sentí algo que golpeaba mi pie. Miré hacia abajo y un pájaro se sacudía chillando de dolor. Era un carpintero, uno de esos que golpea la madera para encontrar las larvas de gusano. Hermosas y longevas aves los carpinteros ¿Verdad? Pero a esa edad, la tierna de 8 años, yo ya estaba loca, loca de obsesión y paranoia. Oía el incesante golpeteo de la puerta todas las noches y no podía dormir. No podía decirle nada a mi dulce madre porque ya estaba demasiado agotada por el día en sí.  Y ahí tenía el pájaro, con el ala rota y la sangre manchando sus plumas amarronadas. Lo tomé con cuidado de no acercar demasiado mi mano a su pico. Miré directamente a sus ojos negros, como dos orbes de alquitrán, me parecieron los ojos de un demonio. Acaricié las suaves plumas de la cabeza y se la eché hacia la derecha con cuidado. Vi el cuello emplumado del ave y le di un tarascón. La sangre me mancó los labios y sentí su dulce sabor en mi lengua. Era delicioso, como un sorbo de agua para un náufrago que ha llegado medio muerto a la costa. Mastiqué la carne empalagosa y me saqué de la boca un hueso que no quería tragar. El pájaro seguía vivo cuando le di el segundo mordisco, más cerca del pecho. Soltó un chillido y dejó de respirar. No me lo comí entero, solo esos dos mordiscos, para que muriera. Eché el cuerpo a la nieve, machando la nítida albura con un rastro rojo. Mastiqué bien el último trozo de carne y me sequé la sangre con el puño de la camisa. Estaba tan sucia y roñosa que una mancha más no destacaría en absoluto. Antes de cerrar la puerta miré el despreciable cuerpo del carpintero y sonreí. Después de eso me fui silbando bajito a terminar mis deberes.