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25 abril, 2016

Solo hazlo.

Huye.
Donde nadie pueda verte,
encontrate,
hablarte,
mentirte,
tocarte,
herirte,
hacerte daño.
Así pues, huye.
Desconfía de todos,
teme a todos,
odia a todos.
Sufre, sufre, sufre
la soledad.
Grita en silencio,
llora sonriendo,
corre y no te muevas,
y aunque quieras morir
sigue viviendo.
Arrepiéntete.
Detestate,
miéntete,
lastímate,
hiérete,
hazte daño.
Odiate.
Quizás,
al final
alguien te encuentre.
Y te sople el tabaco en la cara sin miramientos.
Y puntúe todo lo que digas antes de que termines.
Y te haga creer que te ama aunque bien sabes que eso no es posible.
Trata entonces de alargar el tiempo todo lo que puedas, sin pensar en lo que dices.
Distráelo para que olvide esos planes de clavarte un puñal por la espalda.
Quizás de verdad llegue una vez a amarte como dijo que lo haría.
Pero ¿Podrás algúna vez amarte a ti misma?
Miéntete, dite que si,
que si te amas.
Que te miras,
te acaricias,
te tocas.
Aunque,
no sea,
verdad.
Y,
nunca,
lo,
sea.
.

06 febrero, 2016

UGH bésame



Bésame
Bésame por favor.
Desliza tus labios suavemente sobre los míos.
Acaricia mi boca con la tuya.
Bésame.
Bésame sin reparos.
No me importa prenderme fuego.
Bésame el cuello.
Déjame húmedas marcas hasta las clavículas.
Por favor.
Llena mis manos de besos tenues.
Acompaña los latidos de mi pecho con tus besos.
Besa cada una de mis costillas.
Cuéntalas por mí.
Bésame la frente y deja allí una estrella.
Bésame.
Te lo pido, bésame.
Bésame la piel sobre los huesos.
Y la que está llena de cicatrices.
Bésame los moretones y las heridas.
Limpia la sangre que supura de las fracturas en mi máscara.
Quiero sentirte.
Quiero sentir tus labios en mí.
Necesito tus besos.
Bésame hasta que me pierda.
Hasta que me olvide de todo.
Y solo piense en tus besos.
Bésame.
Bésame hasta morir.
Y también, por qué no,
revíveme con tus besos.
Bésame en secreto, donde nadie nos vea.
Y enróstrale al mundo tus besos.
Que todo el mundo los mire y los cele.
Bésame.
Bésame para saciarme.
Egoístamente quiero tus besos.
Pero dámelos porque quieras.
Y si besas a alguien más,
que no sean los mismos.
No me importa que los beses, pero...
bésales con otros besos distintos a los míos.
Ahora bésame.
Olvídate de todo lo que importa.
Quédate conmigo y bésame.
Recórreme entera con tus besos.
No temas, que no creo que nunca llegue a hartarme de ellos.
Saborea mis aristas y mis bordes suaves.
Porque, ah, te pertenecen.
Porque estoy aquí para tus besos.
Así que,
por favor,
bésame.

08 enero, 2016

Dante de Noxville



Eran las tres de la mañana en Noxville. Pero eso no importaba mucho, porque ahí estaba oscuro casi todo el tiempo. Tenían escasas horas de luz solar y a nadie le importaba. Todas las personas dormían de 9 a 10 horas tranquilamente. Y el pueblo se sostenía a base de la energía producida a partir de los sueños. Su empresa refinadora de sueños trabajaba todo el día y andaba sola, por inercia, sin la necesidad de mucha gente. Y los controladores generalmente se dormían por la fuerte influencia de los generadores. Así que para las horas de la madrugada no se necesitaba luz eléctrica ni nada, porque nadie se movía por las calles del pueblo cuando no funcionaban las luminarias. Y eran las tres de la mañana y en el segundo piso de una casa grande había una luciérnaga roja que se quedaba quieta alumbrando la mano del que la sostenía. Se balanceaba un poco, con el pautado vaivén de la mano a la boca y de la boca a la mano. El dueño de la mano y de la boca estaba mirando la completa oscuridad regada de estrellas. Otro detalle, en Noxville las estrellas crecían como flores, del suelo fértil. También había otras más grandes colgando de los árboles de hojas plateadas. Nuestro fumador era la única mota de color en la inmensidad oscura y estrellada. Dante se llamaba, o le decían Dante. Es que en Noxville uno puede cambiarse el nombre sin ningún problema. Y Dante eligió su nombre porque el único libro que leyó era La Divina Comedia. Y tardó tres años en terminarla, porque tenía escasas horas de lectura al día.
Dante era el único que fumaba en ese pueblo de soñadores. Nadie pensaría siquiera en interrumpir la noche con un punto rojo. Sería una infamia. Pero a él no le importaba porque no se sentía propio de ese pueblo, ni de ese estilo de vida. Era el único que se animaba a salir del pueblo y le encantaba. Iba a comprar cosas que no se conseguían en Noxville y que la gente quería. Entonces él inflaba su bicicleta, enganchaba su carrito si tenía algún pedido grande, y se iba a Luxville, a dos días de viaje de allí. Luxville era todo lo contrario a Noxville, como cabe esperar. La gente usaba todas las horas del día disponible, y en cuanto empezaba anochecer, alumbraban todo con la energía del pueblo vecino. Todos en Luxville dormían poco y eran felices con ello, porque no necesitaban soñar, sino vivir sus sueños. Dante compraba ahí cosas increíbles que no siempre tenían una función clara, pero la gente las quería igual.  También compraba sus cigarrillos, y a veces un encendedor. Y siempre, siempre, pasaba por el local de venta de camas. Ahí vivía Beatrice, la hija del vendedor de camas. Beatrice se la pasaba dormitando en las camas, o sobre el mostrador, o sobre las almohadas y almohadones en oferta, o entre las cajas del depósito. Dante la adoraba, y como siempre alguien le encargaba una almohada o una colcha de ese local (porque es un hecho que son mucho más cómodas que las de Noxville), siempre tenía una excusa para ir a verla. Ella también adoraba a Dante, y soñaba con él cada dos por tres. Ambos tenían una relación extraña, porque a él le encantaba hablarle, hasta que se daba cuenta de que se había quedado dormida. Entonces la recostaba sobre su regazo, prendía un cigarrillo y tarareaba bajito una canción de cuna. A veces, tenía que irse antes de que despertara, así que ponía el almohadón más suave que encontraba bajo su cabeza y la besaba en los labios antes de seguir su camino. Beatrice siempre sonreía en sueños cuando la besaba.
Mientras fumaba una noche, Dante pensaba en lo hermoso que sería mostrarle a Beatrice los campos de estrellas; y el río de leche que corría más allá de la colina, donde terminaba la cascada en una nube de espuma; y la refinadora de sueños. De seguro a ella le encantaría el runrún soporífero de las turbinas, se quedaría dormida muy rápido y él podría verla dormir. Podrían tomar un chocolate caliente en el local de la señora Lorena y recostarse en el techo de la iglesia, donde ni los santos los molestarían. Pensaba y pensaba en todas las cosas que podrían hacer si pudiera traerla. Ya se lo había propuesto muchas veces, pero solo una vez consiguió una respuesta. Muchas veces ella se quedaba dormida antes de que él terminara de hablar, y muchas otras él se olvidaba de lo que iba a decir cuando veía los ojos negros de ella, llenos de estrellitas en miniatura. La única vez que todo salió como quería estaban en el depósito atrás del local de camas. Beatrice estaba recostada sobre un montón de cajas, y él se sentaba a su lado con un almohadón en el regazo. Le planteó la idea y ella le contesto adormiladamente que le encantaría pero que tendría que hablarlo con su padre. Lamentablemente su padre no era tan accesible, y le negó terminantemente sacarla alguna vez de Luxville. Dante pensaba que su padre no quería arriesgarse a perderla, porque estaba seguro de que una vez que Beatrice viera cómo Noxville iba con ella, no querría alejarse nunca más. En su fuero interno, Dante esperaba que fuera así.
Y de ese modo nació el plan de tres fases de Dante para llevar a Beatrice fuera de Luxville. Lo primero de todo era ser totalmente sincero con ella. Porque no podía raptarla o llevársela sin que ella lo aprobara. Y cuando se lo planteó, abiertamente y sin tapujos, vio la duda revolotear entre las estrellitas de sus ojos. No sabía, no podía saber cómo era lo que le esperaba, ni lo que quería o no quería hacer. O no hacer. Trató de confiar en el fuego solar que veía en los ojos de Dante, trató de susurrar un ‘sí’ timorato, trató de ponerse feliz por aventurarse más allá de ese mediodía eterno donde nunca se sintió cómoda. Trató, sí que trató. Pero en su nuca susurraba la voz de la pena, de dejar a su padre, de la decepción, del dolor, del resentimiento, del odio, del arrepentimiento. Por eso el segundo paso le supo tan amargo. Ambos trataron de hacerlo lo más rápido posible. De resumirlo en su memoria a un simple encarar-llorar-suplicar-gritar-huir-escapar. Andar kilómetros y kilómetros en bicicleta, adentrándose en la noche cada vez más. Dormir, comer, reír, llorar, hablar, y dormir de nuevo. Beatrice se pasó la mayor parte durmiendo, o haciendo que dormía, o tratando de dormir o pensando en que estaba dormida, porque todo eso parecía un sueño. Mientras Dante la llevaba en el carro de la bicicleta, ella se tapaba con una manta y lloraba bajito, pensando que quizás podría drenar la tristeza por las lágrimas. Oh, estaba tan confundida la pobre. Era un amasijo de emociones contradictorias que la hacían perder la cabeza y le rompían el corazón. Hasta que llegaron al paso tres. Llegar a Noxville. Ahí decidió que toda su vida había sido un gran malentendido y que ella era decididamente parte de ese pequeño pueblo más de lo que nunca hubiera podido soñar. Amó todo lo que ahí había. Dante le mostró las maravillas de su pueblo. Le enseño las supersticiones y los mitos, y cómo sacar una estrella de un árbol sin que se hiciera añicos. Le enseñó a acomodar los almohadones para dormir mucho más cómoda y también trató de enseñarle a no dormir, pero siempre se quedaba dormida a la mitad. Entonces Dante se reía un poco, la arropaba bien y le daba un beso de buenas noches.  Y se iba a la ventana a fumar un cigarrillo, a pensar en si había hecho lo correcto, en si todo había valido la pena. Porque ya casi no veía las estrellas en los ojos de Beatrice, que siempre estaba dormida. Y sus propios ojos se estaban apagando un poco de lo triste que eso lo ponía. Terminó el cigarrillo de esa  noche y se fue a acostar al lado de su enamorada.
 Algunas noches, como esa, se quedaba despierto por horas pensando en que le hubiera gustado más quedarse él en Luxville, en vez de arrastrarla a ella a Noxville. Pero no porque eso sería egoísta. Pero sí porque eso hubiera evitado el dolor de Beatrice. Pero no porque ella hubiera seguido siendo una foránea en su propia tierra. Pero sí porque él estaría en su hogar. Pero no porque ella se habría perdido todas las cosas que le hacían bien. Pero sí porque podría haber tenido una linda relación con el padre de Beatrice. Pero no, pero sí, perono, perosi. Y el peronoperosi le duraba horas, hasta que se quedaba dormido unas horas. Solía despertarse con el sol y esperar a ver como Beatrice abría los ojos legañosos, y la luz rosada del amanecer le iluminaba las estrellas. Y eso le ponía fin a las dudas. Porque él sacrificaría todas las horas de luz y los cigarrillos del mundo por esa primera mirada de felicidad.

28 junio, 2015

Roller coaster

  Life is like a roller coaster, canta Cocorosie. Y si. Es una puta montaña rusa. Aunque en mi caso sería el amor. 
  Subí y bajé en ondas suaves y pronunciadas por mucho tiempo. Después subí de golpe, frenéticamente, toque el cielo. Pero después de la subida viene la bajada. Bajé. Me estrellé, se salió el carrito de las vías y me fui a la mierda. Después, de a poco, me fui curando los huesos, lamiéndome las heridas, y volví a encausar el carrito como pude. Traqueteaba y se balanceaba inseguramente, pero avanzaba. Se movía en una planicie yerma surcada solamente por la vía estéril que no iba a ninguna parte. Y de nuevo subí. Más rápido que nunca, más fuerte, más de golpe. Era una subida vertical a miles de kilómetros por hora. Toqué el cielo por unos segundo y y caí. La caída era igual de abrupta, y lo único que podía hacer era agarrarme y esperar el golpe con una sonrisa. Se terminaron las vías, y me fui de nuevo a la mierda. Me quedé tirada unos segundos, pero esto ya me había pasado antes y sabía que hacer. Levantar el carrito, limpiarme las heridas, desperezarme para acomodar los magullones en su lugar y caminar empujando el carrito hasta encontrar la vía de nuevo. Pan comido. Pero no, ahora no bastaba con que me haya ido al carajo, ni que haya terminado hecha pedazos de nuevo. No, tenía que caer un puto rayo encima mío. Justo hoy, justo ahora. Volver a levantarse, volver a acomodarse. Todo de nuevo. No, es demasiado. Prefiero quedarme sentada y dormir si es que siempre va a ser así. La Nada, después subir, después estrolarse contra el piso. Nah, así no. Thanks, no thanks.

22 junio, 2015

Mar del Plata

          Mar del Plata no es como todas las ciudades. Es especial. Acá el mar no es cristalino y límpido. Las playas no son de arenas blancas y cálidas. Acá la gente no te recibe siempre con una sonrisa grabada en la cara. Mardel no será la ciudad más limpia de todas, ni la más grande, ni la más afamada, ni la de la gente más simpática. Pero es la ciudad más linda que conozco.
          Acá el mar es turbio en la orilla, lleno de arena y sal; y de un verde azulado majestuoso en alta mar. Cuando el sol se refleja en la olas, se puede ver un arco iris en miniatura. Con la sombra de las nubes se oscurece, pareciendo la piel moteada de un enorme animal marino. La arena es terrosa y gruesa, ideal para los castillos de arena más fuertes que habrás visto. Cuando llueve, los colores parecen más nítidos, más verdaderos. Y los edificios de la costa parecen brillar. Mar del Plata es hermosa cuando llueve. Porque la lluvia apaga el asfalto y prende a los árboles, llenando la ciudad de olor a tierra húmeda, pasto mojado y sal. La gente la llama 'La feliz' y no creo que estén equivocados. En las noches la ciudad se viste de fiesta y deslumbra con sus luces. Los festivales tan grandes, dándose aires de grandeza, cuando no es para tanto. Hay también pequeños festivales personales, que son los más hermosos, los más perfectos. La literatura que se lee en un bar, la película de zombies hecha con amigos, la obra de teatro hecha con amor y no con fama, la murga que se levanta para seguir viviendo, el arte que se vive en la calle y no solo se mira. La vida que pasa más lentamente que en una capital y más rápido que en un pueblo. Es esta cosa intermedia, perfecta como el otoño, que no es ni mucho frio ni mucho calor. Y hablando del clima. Es un desastre. Maravilloso. Calor en verano, templado en otoño y frio en invierno. La primavera no existe. Pero tampoco demasiado calor para derretirse, ni demasiado frio para que nieve. No nieva en Mardel. Nevó una vez, hace mucho, pero nadie de mi edad sabe de eso. Es el mar, dicen, es la humedad, dicen. Pero yo creo que si en Mar del plata nevara, sería ya demasiada perfección junta. Y nadie soporta eso.
         Mar del plata es bastante antipática para ser una ciudad turística. Pero la gente mala hace que la gente buena destaque. Demasiada gente mala hace que una cuidad sea una basura. Demasiada gente buena es tan sospechoso que es antinatural. Y en este equilibrio de gente huraña y gente amistosa es que lo bueno resalta y no se ve avasallado por lo malo. (Menos poéticamente; sí, hay gente de mierda, pero también hay gente muy buena. Y hay más buenos que malos.)
         Amo mi ciudad. Porque fue mi cuna, es mi casa y será siempre mi hogar. La ciudad natal es como el primer amor. Quizás me vaya lejos, muy lejos, y nunca vuelva. Pero siempre va a estar en mi corazón; y de vez en cuando va a volver en forma de nostalgia. Me va a dejar una sonrisa y se va a ir de nuevo. Mi ciudad natal es este punto que me ata, ese centro de gravedad que siempre me atrae y me llama; que cuando estoy me quiero ir, pero cuando me voy solo pienso en volver.
          No es un lugar perfecto, ni de cerca. Hay tanto que hacer, tanto por mejorar. Pero siempre vemos lo malo, y lo malo nos empaña la vista como el aliento en la ventana. Por eso hablo de lo bueno, y ni pienso hablar de lo malo. Porque hay que ver que hay cosas buenas para dejar de quejarse y apreciar un poco más lo que tenemos. Hay que pararse y pensar en que hermosa ciudad tenemos y quererla un poco más. Entonces, queriéndola, dan ganas de ayudarla.
          No se, solamente amo vivir donde vivo, y decirme orgullosamente marplatense.

11 junio, 2015

Besame en sueños

Soñé que te besaba.
Que mis labios los tuyos tocaban.
Solo fue una fantasía,
¡Pero qué placer me daba!

La miel de tus labios sentía,
como suave y dulce ambrosía.
Sentí el fin del sueño llegar.
Quería que siguiese y no seguía.

Caí en el vacío al despertar,
con el corazón fuera de lugar
Faltaban aún días para verte,
tan solo debía esperar 

30 mayo, 2015

Manifiesto del amour mio

  Tengo que escribir algo, porque si. Porque estoy feliz, y nunca estoy feliz. Ahora mismo tengo un súbito momento de optimismo.Y, bueno, mejor aprovecharlo antes de que se vaya ;) ;)
  La cosa es que estoy enamorada. Y así como que no tengo las más mínima, ínfima, millonésima posibilidad de que las cosas salgan bien y termine declarándome como es debido. El mio es de esos amores que se guardan en un frasco y se ponen en la alacena de los amores imposibles, tratando de seguir. Me ha pasado más de una vez, enamorarme-enfrascar-seguir. Pero ay que no puedo, que no encuentro frasco lo suficientemente grande :c
  Y bueno, generalmente lloro, y sufro y todo eso por el amor no correspondido, enorme e inacabable. Rogando, pidiendo por favor si hay algún dios o algo que este escuchando por casualidad que me saque este amor del pecho. Qcyo, que me pongan algo un poco más manejable.
  Pero hoy estoy agradecida por este amor, que me da un poquito de esperanza cada vez, aunque sigue siendo un abismo. No puedo quejarme, al menos no vive a miles de kilómetros de distancia como algunos de mis amores enfrascados. Pero eso lo hace más difícil de manejar. ¿Cómo no dejarme llevar por el impulso de besar sus dulces labios cuando está ahí nomas, a la mano? D: Ño. 
  Eh, que este se supone que es una cosa alegre, y no la lista de penas y penurias que siempre pongo :O Y es que estoy enamorada, y a mi el amor me hace cosas raras. Como ponerme triste o feliz así de la nada. O me hace ponerme a llorar por cualquier boludes. En mi el enamoramiento es como volver a la hormonalidad puberta. Es horrible, no se lo deseo a nadie, jaja. Y ahora mismo estoy feliz, porque puedo, y porque el amor mío esta un poco más cerca, y a la vez un poco más lejos. Y me encanta. Quiero que se vaya y me deje en paz, pero no soportaría que se vaya y me deje en paz. Quiero que sea mío mío, pero no, porque no creo poder manejar de nuevo una relación, y menos con un amor tan grande que avasalla. Es muy triste y esa tristeza me pone feliz. :D: Es todo lo que necesito y todo lo que no puedo tener cerca, porque me tienta demasiado, y no me caracterizo por mi autocontrol. La piel me escuece los huesos cundo me roza por casualidad. IMAGÍNENSE SI ME TOCA POSTA!! EXPLOTO!! No, prefiero seguir en la animosa contemplación.Como si fuera una obra que se mira y no se toca. 
  Y los celos, no puedo hablar de eso sin ponerme verderojamarillablanca Ò-Ó Nada, es mía, nadie la toca. Aaarrghh no puedo conmigo misma cuando alguien se le acerca. -No toquennn! Se mira y no se tocaaa! Si yo no puedo, nadie puede!!- En fin, así son los celos.
  Y esa fue una simple explicación, porque tenia ganas de dejar las cosas por escrito :3 Con un poco de suerte, lo lee y no tengo que ser yo la que se declare primero!! 
JA

27 abril, 2015

Crossworlds

¿Se puede enamorar uno de alguien por su letra? Si, se puede. Porque la letra dice quienes somos. Nos caracteriza como personas. Así nace esta historia.
Ella se enamoró de el por su letra. Estaba en la sala de espera del dentista, con una muela malita. A su lado había un hombre haciendo un crucigrama. Ella no solía meterse en la vida de los otros, pero es que le encantaban los crucigramas. Se asomó un poquito y echó una mirada a las referencias. Símbolo químico del Berilio. Él no la sabía, era la 2-vertical y estaba vacía. Miraba con furia disimulada ese par de cuadraditos blancos, sin animarse a hablar, a decirle la respuesta. Trató de distraerse en las otras respuestas, y ahí pasó. ¡Madre mía! ¡Que letra! Era una imprenta prolija, un poco inclinada a la izquierda. Era maravillosa. Se quedó como embobada mirando esa caligrafía ejemplar, tanto que ni escuchó que la llamaban. El hombre a su lado le tocó el hombro y se despertó. Dijo algo como "creo que te están llamando" y la miró a ver si estaba bien. Se veía dulce y amable, aunque fruncía el ceño con preocupación, eso no lo hacia sino más atractivo. Ella contestó algo como "Stoi biengracia"y se fue hasta el consultorio. Después de una extracción poco delicada, salió. Tenía la esperanza entumecida, y la cara también. Esperaba vanamente que el hombre siguiera ahí. No estaba. Había dejado el crucigrama a medio acabar. Solamente le faltaba la 2-vertical. Se lo guardó en el bolso y se fue. No lo volvió a ver en su vida, pero murió enamorada del tipo ese del crucigrama que guardaba celosamente bajo su almohada.
         

17 enero, 2015

La chica sin color



Había una vez una chica sin color. Ella solía reír como todos los demás, simplemente disfrutando de cómo se sentía la risa al salir de su garganta. Pero aun así, no tenía colores, por lo que lloraba todas las noches. Ella recordaba haber tenido colores antes, pero no sabía cómo los había perdido, ni cómo recuperarlos. Un día conoció a un chico que tampoco tenía colores.  Su gris era incluso más apagado que el de ella misma. Inmediatamente se enamoraron, como en todas esas películas cursis de Hollywood. Ella le devolvió en parte sus colores, y él la hizo la chica más feliz del mundo, dejándola ver sus verdaderos colores. La relación creció y se alargó en un período de dos años y medios. Hubo peleas horribles, y reconciliaciones hermosas. Y a pesar de todo se seguían perdonando, porque se amaban más que a cualquier cosa en el mundo. Un día, la manzana de la tentación se mostró ante la chica y, despreciando sus colores y los de su amado, se dejó llevar por la dulce tentación. Se llenó las venas con una embriagante confusión que la llevó al peor de los errores. Esa tentación tenía un nombre y un apellido. Pero las cosas en secreto no duran, considerando que la chica era muy torpe y demasiado despistada para cubrir un rastro. Su amado descubrió su traición y se marchó llevándose todos los colores de ambos. Y ella volvió a ser la chica sin color. Pero mantuvo la esperanza de que, después de todo lo que habían pasado, siguieran amándose como siempre. Esperó en vano a poder recuperar algunos colores sola, y cuando decidió volver a sus brazos, ya era demasiado tarde. Él simplemente amaba a otra. Había alguien más que pintara sus colores, alguien que nunca cedería ante la tentación como ella lo había hecho. Alguien con quien él sería verdaderamente feliz. Así que lo dejó ser. Ella le había dado su corazón, así que cuando él se fue, ella quedó sin colores en su alma y sin corazón en su pecho. Quizás su castigo por traicionar al amor, sea vagar para siempre descolorida. Sin poder amar, ni ser amada. Para el fin de los tiempos, sola.