miércoles, 22 de mayo de 2013

Hay vida


No hay nada
Nada más
Ni existe un final
Solo un comienzo
Hay un pasado
¿Hay un futuro?
Hay vida
Hay aire y agua
Hay fuego y tierra
Hay vida
Es un mundo azul
Como las venas de la realeza
Como los ojos
Como todo, como nada
Hay colores
Hay blanco y negro
Hay gris
Hay vida
Si la eternidad es eterna
Fuimos eternos
Eternamente finitos
Hay amor y odio
Hay paz y guerra
Hay vida
Quizás haya vida en el más allá
Pero no lo se
Aquí hay,
Y es hermosa
Hay sentimientos
Emociones
Amoríos, pasiones y depresiones
Hay lucha por todo
Por el bien y por el mal
Hay vida
Hay muchas cosas
Pero no hay nada
Porque la vida es ilógica
Eso es lo que la hace vida y no historia
Hace que sea dinámica y bella
La vida es eso que pasa
Mientras ves por la ventana del colectivo
Hay vida
Hay peleas, pero hay perdón
Hay distancias y cercanías
Hay disgustos y alegrías
Porque hay muerte
Pero también hay vida
Todos los días
Hay funebreros y obstetras
Hay mucha gente
Hay vida
Hay mucha vida



Me gustan las cosas depresivas


Me gustan las cosas depresivas .Soy feliz con ellas. Es como una extraña relación que formé con ellas hace tiempo. Eran tiempos obscuros, relativamente. Estaba siempre triste, aunque nunca nadie se dio cuenta. Quizás porque yo disfrazaba bien mis lágrimas con una sonrisa o quizás porque nunca nadie se fijó en mis ojos demasiado. Porque yo la veía. Veía la tristeza y el vacío en el fondo de mis ojos. Eran ojos opacos con ojeras que iban y venían a su antojo. Escuchaba música que combinaba con mi estado anímico, triste y depresivo. Ahogaba mis penas en los trazos de mi lapicera, de mi tragedia. Escribía poesías deprimentes pero hermosas y, a su modo, ellas me acompañaban en mis noches de soledad y pensamientos existenciales. Así nació nuestra relación, las cosas depresivas eran mis cómplices, mis compañeras. Escondía mis lágrimas en mi almohada, que me recibía amorosamente las noches en que sentía que ya no podía más. Nunca supe bien qué era lo que causaba mi desazón. Creo que la razón quedó perdida entre poemas y lágrimas, dejándome sola con mis penas. Encontré a alguien, alguien que me amaba, alguien en quien podía refugiarme de los desconsuelos que me perseguían. Pero ya estaba muy herida, tenía una herida que mi silencio solo ahondaba. Herida y escondida detrás de una máscara de mentiras. Le sonreí a ese alguien y lo acepté con los brazos abiertos, esperando que pudiera llenar ese vacío en mi corazón y en mis ojos. Pasó un mes, dos, cuatro, y yo seguía igual. Mis escapes eran la poesía trágica y los besos de mi alguien. Me sentía morir por las noches cuando, además de mi propia melancolía, sentía la ausencia de mi alguien. El invierno no hacía más que empeorar las cosas. Los días grises y el frío solamente me daban ganas de quedarme en mi cama, donde me sentía a gusto. Desaprobé una materia, después fueron dos. Nunca en mi vida había desaprobado ningún trimestre. Las cosas no me salían. Ni matemática ni física ni geografía. Me dormía en literatura y en historia. Pasé por alto más de una clase de biología, mi materia favorita. Y escribía, escribía mis poemas en un cuaderno que guardaba con celo para que nadie lo leyera. Me corté un par de veces, pero solo cuando el dolor de adentro era mayor que el de afuera. Así me hice inmune al dolor. Me cerré un poco, pero no demasiado. El dolor no pudo quebrantar mi espíritu, y menos, mi personalidad. Siempre fui desenvuelta de naturaleza, cómica y alocada. Nunca dejé que me vieran mal, quizás porque nunca quise que mis amigos se pusieran mal por mí.
La llegada de la primavera, el sol y el calor me reconfortó. Poco a poco dejé de llorar y mis poemas tristes se matizaban con otros un poco más complacientes. Y así me fui alejando de las tragedias y las canciones tristes. Pero nunca corté la relación con las cosas depresivas. Siguen siendo mis compañeras, me acompañan dentro de la alegría. Dentro de esta monotonía satisfactoria en la que vivo. 

martes, 7 de mayo de 2013

El pájaro carpintero


Cuando era pequeña, al menos 6 años, siempre oía que alguien tocaba la puerta. Siempre corría a abrir, pensando que era mi mami después de un largo día de trabajo. Pero no, siempre estaba la entrada vacía, ya que mi mamá tenía llave y no precisaba tocar. Pero ¿Quién le explica so a una niña tan pequeña? Estaba en mi tierna infancia, y por eso estaba perdonada.
Habrán pasado dos años, siempre corriendo a abrir la puerta, siempre vacía. Hasta que un día, uno trágico y nefasto, se me ocurrió preguntarme por qué pasaba eso. Empecé a asumir que era algún gracioso que tocaba la puerta y corría a esconderse. Me quedé horas sentada al pie de la puerta, pero nunca pude atrapar al maldito niño que me molestaba. Quizás porque nunca lo hubo. En una de esas veces, que ya desesperada abría la puerta de un golpe, sentí algo que golpeaba mi pie. Miré hacia abajo y un pájaro se sacudía chillando de dolor. Era un carpintero, uno de esos que golpea la madera para encontrar las larvas de gusano. Hermosas y longevas aves los carpinteros ¿Verdad? Pero a esa edad, la tierna de 8 años, yo ya estaba loca, loca de obsesión y paranoia. Oía el incesante golpeteo de la puerta todas las noches y no podía dormir. No podía decirle nada a mi dulce madre porque ya estaba demasiado agotada por el día en sí.  Y ahí tenía el pájaro, con el ala rota y la sangre manchando sus plumas amarronadas. Lo tomé con cuidado de no acercar demasiado mi mano a su pico. Miré directamente a sus ojos negros, como dos orbes de alquitrán, me parecieron los ojos de un demonio. Acaricié las suaves plumas de la cabeza y se la eché hacia la derecha con cuidado. Vi el cuello emplumado del ave y le di un tarascón. La sangre me mancó los labios y sentí su dulce sabor en mi lengua. Era delicioso, como un sorbo de agua para un náufrago que ha llegado medio muerto a la costa. Mastiqué la carne empalagosa y me saqué de la boca un hueso que no quería tragar. El pájaro seguía vivo cuando le di el segundo mordisco, más cerca del pecho. Soltó un chillido y dejó de respirar. No me lo comí entero, solo esos dos mordiscos, para que muriera. Eché el cuerpo a la nieve, machando la nítida albura con un rastro rojo. Mastiqué bien el último trozo de carne y me sequé la sangre con el puño de la camisa. Estaba tan sucia y roñosa que una mancha más no destacaría en absoluto. Antes de cerrar la puerta miré el despreciable cuerpo del carpintero y sonreí. Después de eso me fui silbando bajito a terminar mis deberes.

Reclamos y prejuicios


Hoy voy a salirme un poco de los delirios y de las tragedias. Hoy voy a hablar de mi ciudad, haciendo más zoom, de la educación, básicamente de mi ciudad. Este es mi espacio para reclamar/juzgar.

Hoy hubo en mi ciudad una manifestación pacífica de los colegios secundarios, reclamando mejor infraestructura. Los colegios en mi ciudad, sinceramente, se caen a pedazos. Más grandes, más chicos, pedazos al fin. Ventanas sin vidrios, mesas rotas, paredes con agujeros, borradores que no borran y pizarrones en los que no se ve nada de lo deteriorados que están. Bien, en este escenario ¿Qué se supone que se debe hacer? Lo más lógico es reclamar a un mayor (director, inspector y superiores) ¿Cómo habría que reclamar? Coherentemente, con una carta escrita, y si no funciona (porque casi nunca funciona) presentarse personalmente y exigir lo que se quiere. Y la fuerza ¿Dónde entra? No esta, la fuerza no es la solución de nada. Es más maña que fuerza. Bien, aclarados esos puntos, sigo.
Retomemos en el tema de la manifestación "pacífica" de los colegios secundarios. Quizás yo tenga una acepción de 'pacífica' diferente  la de las masas. Para mí 'pacífica' viene de paz, por ende, es algo tranquilo y lógico. Al parecer los alumnos necesitan más diccionarios y menos netbooks, porque para ellos 'pacífica' es una manifestación en la que se rompen los vidrios, se tumban las mesas y se escriben las paredes con aerosol. Entonces, que pacífico es el mundo, ¿Verdad? 

No niego el derecho a reclamar, pero por favor, seamos lógicos, coherentes, y un poco maduros. Convengamos que si tenemos edad para tomar alcohol, fumar y no rendirle cuentas a nadie también tenemos edad para hablar con sensatez con el presidente del consejo escolar. Ah, puede ser que no entiendan lo que digo, entonces se lo traduzco con mi diccionario adolescente-español
Si podes hacerte el capo fumando, podes quedarte pillo frente al presi del consejo escolar…wacho-
Sí, chicos y chicas, alumnos y alumnas (Suena conocido, ¿no?) sí, soy adolescente, o eso creo, porque si ser adolescente es seguir a una horda rompiendo todo soy un poco más adulta que los demás. Y mejor así.
Bien, sigamos entonces con que todavía se les ocurre manifestar. Quieren hacerse escuchar, entonces no busquen métodos trillados ¿Trillados? ¿Qué es eso? ¿Se come? Trillado. Copiado, común, usado, poco original ¿Quedó claro? Así como esto no es simplemente una nota, ni una queja formal. No, porque tiene sarcasmo (¿Sarcasmo? ¿Dónde?) Ay, si, ahora me dirán '¿Y qué podemos hacer, señorita intelectual?' Nunca se les ocurrió cortar la cuadra en frente de cada colegio (No, no es una pregunta, es una afirmación) Solo con eso se formaría una batahola infernal entre autos que no podrían llegar a tiempo y colectivos desviados. Díganme ¿Moriría alguien? ¿Hay paredes rotas y vidrios escrachados? No, nada. ¿Y si, en una de esas magnificas ideas que se me ocurren (ejem sarcasmo ejem) le sacamos fotos a las escuelas en las partes más desastrosas y las mostramos a la gente que nada que ver? Dejaríamos tan mal parados a los del consejo que algo harán.
Seamos originales chicos, no nos podemos quedar con las negradas de siempre (Discúlpenme los africanos). No espero cambiar nada, pero me enervó que después del lio de hoy no metieron a todos en la misma bolsa. Y yo no pienso pagar los platos rotos por un montón de desacatados. Sí, soy toda humildad. No sé, yo traté de ponerle onda y hacer llegar mi opinión al mundo (si claro, esto no llega ni a la esquina). Buenas noches gente y si no entendieron alguna palabra hay una página que se llama wordreference.com que sirve mucho jeje.


domingo, 5 de mayo de 2013

Heme aqui

Heme aqui, sin nada mas que vosotros para oir mi último aliento. No se que deseais de mi, bastardos, pero os juro que no lo obtendréis. Os juros, por mi honor, que no me sacareis mis secretos ni mis esperanza. Moriré pero morireis vostros connmigo si os revelar tan nefastos secreto. No se que deseais de mi, pero os juro que no lo obtendréis.