viernes, 24 de enero de 2014

Ven conmigo



Ven conmigo
Ven aquí cerca
Ven bien lejos
Ven conmigo,
Amor mío

Ven hasta el mar
Tomado de mi mano
Ven hasta las olas
Hasta la arena
Ven conmigo

Ven hasta el bosque
Ven a los árboles
Y al césped
Bésame bajo las ramas
Ven conmigo

Ven hasta la plaza
Ven a la calesita
Hasta las hamacas
Abrásame en una banca
Ven conmigo

Ven conmigo
Hasta el fin del mundo
No está cerca
Pero no está lejos
Ven conmigo

Ven y bésame
Ven y abrásame
Ven y toma mi mano
Ven y dime que me amas
Yo te diré que te amo

Ven conmigo


Te amo



Te amo
Te amo como nunca,
Como siempre
Te amo
Tanto que duele,
Un dolor hermoso
Te amo
Con cada célula,
Con cada una
Te amo
Como si fuera a morir,
Morir de amor
Te amo
Sin comienzo,
Sin final
Te amo
Un amor que me hace llorar
Y que me hace reír
Te amo
Con la sinceridad de un niño
Con la pasión de un adulto
Te amo
Así de simple,
De complejo
Te amo
Porque si,
Sin una razón
Te amo
Con todo,
Con todo mi corazón.

Por favor...

¿Por qué duele?¿Por qué tanto? ¿Por qué a mi? Es tarde... Ya es tarde para mi. Dijiste muchas cosas, me golpearon, me dolieron. Me duelen. Son como dagas; pero decir dagas es poco. Es algo más personal. Es como un pedazo de hielo, hundido, profundo. Tan frio que quema. Me lacera la piel, me descalabra los huesos. Hice mal, tantas veces, hice tantas cosas mal. Pero no quise. Dije tantas cosas erroneas. Pero no quise. Y duelen. Oh, como duelen los errores.

"Jugaste rompiendo las reglas, ahora me toca a mi"

Solamente soy eso, un juego. Solamente es un juego sangriento y sucio. Solamente sería asi de simple, tirarme por la ventana y aterrizar suavemente sobre los picos de la reja. Solamente una ficha, un tablero y muchas palabras. Impregnadas todas en tierra, sal y sangre.

"Jugaste mal tus fichas, fuiste apresurada y torpe"

Lo soy, lo fuí, lo seré. Solamente soy eso. No soy nada, nunca lo fuí, nunca lo seré. Solamente tierra, sal y sangre. Ni la tinta ni las letras, ni el lápiz y el papel me calman. Solamente se prenden fuego, un fuego que no derrite el hielo eterno que me clavaste en el pecho. Este hielo que no se ve, porque solamente lo vemos nosotros. O al menos yo.

"No me vengas con palabras bonitas"

Pero es todo lo que me queda. Dulces palabras, que se las lleva el viento, hasta la orilla del mar. Y se lo tragan las olas. Sueños. Es todo lo que me queda. Es todo lo que soy ahora, porque sin ellos, sería solo una cascara de un ser. Solo tristeza, autodesprecio e indiferencia. Soy solo una máquina que opera en automático. Que simula respuestas, que sonríe al que pasa pero no soy yo. Yo estoy lejos de aqui, perdida entre la miseria y el dolor. Este dolor que no duele.El dolor ya no es dolor. Es un dolor frío y seco. Que no duele, que no se siente más que como un escozor. 

Por favor...

Quiero que se detenga.

Por favor...

Haz que pare.

Por favor...

No más...no más.

Por favor...

martes, 21 de enero de 2014

Invisible

Ella era solitaria, silenciosa.
Podría decirse que era invisible.
abía perfeccionado ese arte,
el de ser sin ser vista.


Podía sentarse y ser ella,
sin que nadie lo notase.
Solía perderse a veces,
y nadie habia que la encontrase.

No hablaba mucho
Casi nada, se diría.
Pero cuando hablaba
solo se oían maravillas

Podía pasar horas
simplemente perdida;
escondida en los libros
que mil veces leía.

Hacía lo que quería
porque era como la artista
que se hacía invisible
todos los días.

domingo, 19 de enero de 2014

Let me be


Ella está ahí, sentada en la mesa más luminosa del café. Su tacita de café espumoso sigue intacta, en el lugar en que la dejó la mesera. Está demasiado ocupada escribiendo en su cuaderno espiralado. Su mano se mueve como un relámpago entre los renglones, dejando letras y más letras a su paso. En sus ojos se ve el reflejo de su tristeza, ¿Cuál será la pena que la aqueja? Una emoción extraña surca sus ojos y pronto sé que su lapicera se quedó sin tinta, porque raya desenfrenadamente la última hoja de su cuaderno. Suspira cansinamente y revolea la lapicera en su mochila, luego busca y rebusca hasta que saca una cartuchera verde. Busca y rebusca dentro de esta y saca una lapicera roja. La mira como si fuera una vergüenza que no fuera azul. Pero niega con la cabeza ligeramente y sigue escribiendo. Su flequillo todo desteñido se le mete frente a los ojos y ella se lo vuelve a poner detrás de la oreja, sin pensarlo. Sigue escribiendo como si su vida dependiera de ello. Ahora en sus ojos no solo está esa tristeza secreta, sino algo más, algo aún más profundo, más extraño. Pero no sé qué es. Se da cuenta de que su café se enfría y le da un sorbo. Pone cara de asco y estira la mano para agarrar tres paquetitos de azúcar. Demasiado en mi opinión. Vacía los tres y revuelve distraídamente mientras relee lo que escribió. Tiene un gesto de serena satisfacción. Suelta el cuaderno y se toma todo su café de una, así, sin aire de por medio. Ay querida, eso es un café, no un chupito de vodka. Deja la taza y sigue escribiendo. Afuera se nubla y la suya deja de ser la mesa más iluminada. En sus ojos destella esa emoción rara, mezcla de melancolía y emoción. Deja de escribir y mira
por el ventanal. Se distrae mirando a la gente pasar y de pronto se le cae el cuaderno al suelo en un desparramo de hojas. Me estiro y
la ayudo a levantar todo. Ella me sonríe en agradecimiento; una sonrisa hermosa pero que esconde esa misma emoción que ocultan sus ojos. Vuelve su atención a mi computadora y pregunta inocentemente qué estoy escribiendo. No puedo decirle que escribo sobre ella así que invento algo sobre la marcha. Ella se ríe de mi ocurrencia aunque ni idea de lo que dije. Mira su reloj azul en su muñeca y su sonrisa se esfuma por un segundo. Guarda todo apurada y se despide de mí. Paga su café en el mostrador y se acerca a la puerta. Antes de que se vaya le pregunto su nombre. “Agustina” responde mientras vuelve a ponerse el pelo atrás de la oreja. Se da media vuelta y lo último que veo es su mochila de Sum 41. Cruza la calle sin mirar y sigue con su vida. Vuelvo mi vista a su mesa y veo la lapicera roja, toda
olvidada. La agarro y, antes de guardarla en mi bolsillo le digo: “Tranquila, para mí no sos una vergüenza por no ser azul”

martes, 7 de enero de 2014

Buzón

En el vacío, en la inmensidad
Una luz
Un sonido
Pero nada

En el misterio entre el sol y la luna
Un rayo de luz
Una cadencia
Pero aún nada

En el infinito de la información
Un destello
Un 'ping' musical
Y aún nada

En el buzón
Un reflejo blanco
Un timpre
Y todo...es todo