sábado, 17 de enero de 2015

La chica sin color



Había una vez una chica sin color. Ella solía reír como todos los demás, simplemente disfrutando de cómo se sentía la risa al salir de su garganta. Pero aun así, no tenía colores, por lo que lloraba todas las noches. Ella recordaba haber tenido colores antes, pero no sabía cómo los había perdido, ni cómo recuperarlos. Un día conoció a un chico que tampoco tenía colores.  Su gris era incluso más apagado que el de ella misma. Inmediatamente se enamoraron, como en todas esas películas cursis de Hollywood. Ella le devolvió en parte sus colores, y él la hizo la chica más feliz del mundo, dejándola ver sus verdaderos colores. La relación creció y se alargó en un período de dos años y medios. Hubo peleas horribles, y reconciliaciones hermosas. Y a pesar de todo se seguían perdonando, porque se amaban más que a cualquier cosa en el mundo. Un día, la manzana de la tentación se mostró ante la chica y, despreciando sus colores y los de su amado, se dejó llevar por la dulce tentación. Se llenó las venas con una embriagante confusión que la llevó al peor de los errores. Esa tentación tenía un nombre y un apellido. Pero las cosas en secreto no duran, considerando que la chica era muy torpe y demasiado despistada para cubrir un rastro. Su amado descubrió su traición y se marchó llevándose todos los colores de ambos. Y ella volvió a ser la chica sin color. Pero mantuvo la esperanza de que, después de todo lo que habían pasado, siguieran amándose como siempre. Esperó en vano a poder recuperar algunos colores sola, y cuando decidió volver a sus brazos, ya era demasiado tarde. Él simplemente amaba a otra. Había alguien más que pintara sus colores, alguien que nunca cedería ante la tentación como ella lo había hecho. Alguien con quien él sería verdaderamente feliz. Así que lo dejó ser. Ella le había dado su corazón, así que cuando él se fue, ella quedó sin colores en su alma y sin corazón en su pecho. Quizás su castigo por traicionar al amor, sea vagar para siempre descolorida. Sin poder amar, ni ser amada. Para el fin de los tiempos, sola.

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