domingo, 24 de abril de 2016

Solo hazlo.

Huye.
Donde nadie pueda verte,
encontrate,
hablarte,
mentirte,
tocarte,
herirte,
hacerte daño.
Así pues, huye.
Desconfía de todos,
teme a todos,
odia a todos.
Sufre, sufre, sufre
la soledad.
Grita en silencio,
llora sonriendo,
corre y no te muevas,
y aunque quieras morir
sigue viviendo.
Arrepiéntete.
Detestate,
miéntete,
lastímate,
hiérete,
hazte daño.
Odiate.
Quizás,
al final
alguien te encuentre.
Y te sople el tabaco en la cara sin miramientos.
Y puntúe todo lo que digas antes de que termines.
Y te haga creer que te ama aunque bien sabes que eso no es posible.
Trata entonces de alargar el tiempo todo lo que puedas, sin pensar en lo que dices.
Distráelo para que olvide esos planes de clavarte un puñal por la espalda.
Quizás de verdad llegue una vez a amarte como dijo que lo haría.
Pero ¿Podrás algúna vez amarte a ti misma?
Miéntete, dite que si,
que si te amas.
Que te miras,
te acaricias,
te tocas.
Aunque,
no sea,
verdad.
Y,
nunca,
lo,
sea.
.

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