lunes, 6 de abril de 2015

Os maldigo

 Os maldigo. Con todos mis dotes de escritora, os maldigo. Con el fuego de mi sangre y el veneno de mi lengua, os maldigo. Y dejo aquí asentado, en tinta azul y papel amarillo, que os maldigo.
 Que el viento sople en vuestra cara, que la lluvia apague vuestro fuego, que el hielo os frene las piernas, y que nunca se eleve vuestro vuelo.
 Os maldigo.
 Maldigo vuestra boca rápida, vuestro corazón frío. Maldigo vuestra mirada caoba que siempre pudo conmigo. Os maldigo una y mil veces, por cientos de años fatídicos. Y que vuestros hijos (si es que los tenéis) también estén malditos. No os maldigo por dejarme sola, mucho menos por haberos ido. Maldigo con saña y con ira, por perseguirme hasta en lo onírico.
 ¡Dejadme partir! Dejadme, os digo. Seguid con vuestra vida, ahora que estáis maldito. Que vuestros sueños se derritan y se interpongan en vuestro camino. Acusadme de cruel, de malvada, pues lo admito. Vivir mi maldición es, de pleno, vuestro castigo. Hasta que exhaléis el último aliento seguirá contigo. Pegado a vuestra alma oscura es que va este maleficio. Y no habrá de abandonaros nunca sin mi permiso. ¡Arrodillaos! ¡Pedidme perdón, que es lo que necesito! Si no expiáis vuestros errores, pues morid de dolor, que sin cuidado me ha traído. Y esperando que esto se cumpla, que sientas mis palabras, ¡Arrepentíos! Puesto que nada más tengo que decir, os maldigo.

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