domingo, 27 de septiembre de 2015

Roja


Roja.
La roja está ahí.
Deslizándose por su  mar negro.
¿Le dolerá?
No me importa.
Esta roja.
Blanca y roja.
Y negro, su mar negro.
Jirones grises la recorren.
Vistiendola por partes.
Desvistiéndola.
Recorriéndola impúdicamente.
La tocan, la acarician,
la rozan.
Y ella está ahí, inmóvil.
Como siempre, blanca.
Tiñéndose de a poco.
Y yo la miro.
Miro como el rojo la abarca,
como que la corroe.
El negro la rodea,
le enmarca el rostro.
Me gusta.
Me atrae ese rojo que la llena.
Pero no dura.
El rojo sigue deslizándose.
Sigue chorreando.
Deja trazos en la noche.
¿Y qué?
Ella está muerta.
Y la luna esta roja.
Roja y blanca, y negra la noche.


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