lunes, 24 de marzo de 2014

Estrellita, ¿donde estas?

Ya no quiero esto, ya no más. Pero es lo que elegí, y es lo que quiero. No sé, ¿es que seré una masoquista? Me lastimo y lastimo a todos. Es como si estuviera envuelta en vidrios. Me duele. La gente normal aprende de sus errores. Yo no, a mí me ponen la misma pierda millones de veces y cada vez caigo y me pelo las rodillas. Y lloro hasta dormirme, llenando mi cara de barro. Me entretengo mirando las estrellas, que son tan irreales a veces, tan efímeras. Siempre las miro esperando que él también las mire, y así saber que, al menos, miramos las mismas estrellas.

Me gustaría ser una estrella. Así estaría alejada de todo y todos, pero aun así sería parte de algo. Una galaxia, una constelación, una nebulosa. Algo. Si fuera una estrella no lastimaría a nadie. Y nadie me odiaría. Si fuera una estrella no tendría que lidiar con el odio, o con la cobardía. Esas cosas que me dan miedo y me hacen fallar. Si fuera una estrella nadie podría acercárseme, y nadie lo haría, porque nadie quiere acercarse a una estrella. Quisiera que esta noche llovieran las estrellas, así si yo me fuese, nadie lo notaría.

Quisiera poder volverme tan efímera como una estrella, y poder pasar desapercibida entre la multitud. Pero que de vez en cuando alguien me mire, y suspire pensando que alguien más mira la misma estrella. Y después seguir en el anonimato. En el camino gallardo de la estrella sin nombre, y sin camino. Porque las estrellas no necesitan un camino, ni un lugar a donde ir, ni uno donde quedarse. Ser una estrella sería mucho más fácil. Quizás la vida no es fácil para los humanos porque somos estrellas maldecidas. Estrellas que hicieron algo y pagan sus errores en la Tierra. Pero, los errores en la Tierra, ¿dónde se pagan? Porque si hay algo que hago muy bien es equivocarme, y arrepentirme, y llorar hasta quedarme dormida. Hasta bañar mi almohada con lágrimas.

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