28 septiembre, 2015

Roja


Roja.
La roja está ahí.
Deslizándose por su  mar negro.
¿Le dolerá?
No me importa.
Esta roja.
Blanca y roja.
Y negro, su mar negro.
Jirones grises la recorren.
Vistiendola por partes.
Desvistiéndola.
Recorriéndola impúdicamente.
La tocan, la acarician,
la rozan.
Y ella está ahí, inmóvil.
Como siempre, blanca.
Tiñéndose de a poco.
Y yo la miro.
Miro como el rojo la abarca,
como que la corroe.
El negro la rodea,
le enmarca el rostro.
Me gusta.
Me atrae ese rojo que la llena.
Pero no dura.
El rojo sigue deslizándose.
Sigue chorreando.
Deja trazos en la noche.
¿Y qué?
Ella está muerta.
Y la luna esta roja.
Roja y blanca, y negra la noche.


21 septiembre, 2015

Coleccionista de historias



Mamá me dijo que con ellos no se juega. Pero es que son tan divertidos. Suelen asomarse por los balcones, tratando de que les llegue el sol. Otros se deslizan sigilosamente por los pasillos, o se esconden debajo de las camas, o se sientan a mirar aprehensivamente las vetas de la madera de la mesa del comedor. A la noche, si tengo miedo, algunos me susurran sus historias al oído. Suelen ser muy tristes, pero aun así me hacen sentir acompañada. Me gusta sentir que tengo mi propia colección de historias, como las del abuelo. La diferencia está en que él coleccionaba historias y anécdotas propias, y yo las pido como regalo. La gran mayoría se arremolina en la oficina de  mamá. Ahí ella los invoca y los deja ir después de algunas preguntas. Algunos se quedan para hacerme compañía, o porque la magia vudú no los deja partir. Los primeros suelen charlar conmigo, los segundos son Otros. No están ni de un lado ni del otro. Añoran pero no quieren irse si se les da la chance. Se pasean eternamente cabizbajos. No hablan, no comparten, no les interesa nada más que su tristeza. Los Otros son bastante aburridos. Hay días en los que mamá se pone triste, y no sale de la cama. Se pasa el día llorando, abrazando un peluche mío. Nunca le di permiso, pero no me molesta, porque eso le hace bien. Otros días se las pasa investigando, leyendo, anotando hechizos, copiando esquemas, moliendo hierbas en un mortero de madera negra, murmurando posibilidades, garabateando cosas en su cuaderno, quemando sahumerios, prendiendo velas de colores. Otros días se relaja. Se suelta los rulos, se pone un vestido blanco que choca mucho con su piel negra. Se hace café, y pone música suave, como de tambores. Antes también la ponía, decía que le hacía acordar a su papá y a su abuelo. Mis bisabuelos vinieron de África hace muchos años. Se escapaban de algo, o de alguien. No sé. A mí me gusta recorrer la casa buscando, fijarme en los rincones oscuros,  entre las cosas del desván. Curiosamente, a los fantasmas les gusta esconderse debajo de las sábanas. Busco fantasmas de niños, como yo. Nunca vi ninguno. Me gusta pedirles que me cuenten sus historias, tratando de encontrar alguna parecida a la mía. Pero no, nunca. Siempre son historias trágicas, angustiosas, deprimentes. Ninguno murió de gripe.

17 julio, 2015

unocerocero

100 veces subí algo a este blog. Y estuvo en todas. las buenas, las malas, las normales. Es mi mejor amigo. por sobre muchos amigos de carne y hueso. Me gusta todo lo que alguna vez escribí acá. aunque sean bazofias. Porque son las bazofias más lindas que vi en mi vida. De muchas estoy enamorada. Quisiera hacer un MASH UP para conmemorar. Pero no saldría nada bueno. Y eso es todo. A seguir viviendo de esto, que me llena más que la comida. Y amo lo que esto me hace ser como soy, vivir como vivo, ser tan mutable como soy y tan resistente al dolor. Me encanta todo lo que escribo, aunque a veces digo que lo odio. Yo soy lo que escribo. Y estas 100 publicaciones son lo que soy yo a lo largo del tiempo. Si, con hiatus y todo!


Cosa

Hay algo.
Algo que se desliza.
Algo que se arrastra a tu espalda.
con su ruido viscoso.
Te sigue sin que te des cuenta.
Como tu sombra.
Se acerca con sus tentáculos.
Y en la oscuridad,
cuando no podes verlo,
se ríe.
Se ríe de tus llagas,
de la sangre terrosa
que se escapa de tus heridas.
Del dolor que te dobla en dos.
Y cuando prendes la luz
se queda inmóvil.
Se arrebuja para que no lo veas.
No vas a verlo nunca.
Pero está.
Y algún día va a atraparte.
Pero no temas,
no, no tengas miedo.
No hay de que preocuparse.
Cuando te alcance por fin,
será lo último que veas.




28 junio, 2015

Roller coaster

  Life is like a roller coaster, canta Cocorosie. Y si. Es una puta montaña rusa. Aunque en mi caso sería el amor. 
  Subí y bajé en ondas suaves y pronunciadas por mucho tiempo. Después subí de golpe, frenéticamente, toque el cielo. Pero después de la subida viene la bajada. Bajé. Me estrellé, se salió el carrito de las vías y me fui a la mierda. Después, de a poco, me fui curando los huesos, lamiéndome las heridas, y volví a encausar el carrito como pude. Traqueteaba y se balanceaba inseguramente, pero avanzaba. Se movía en una planicie yerma surcada solamente por la vía estéril que no iba a ninguna parte. Y de nuevo subí. Más rápido que nunca, más fuerte, más de golpe. Era una subida vertical a miles de kilómetros por hora. Toqué el cielo por unos segundo y y caí. La caída era igual de abrupta, y lo único que podía hacer era agarrarme y esperar el golpe con una sonrisa. Se terminaron las vías, y me fui de nuevo a la mierda. Me quedé tirada unos segundos, pero esto ya me había pasado antes y sabía que hacer. Levantar el carrito, limpiarme las heridas, desperezarme para acomodar los magullones en su lugar y caminar empujando el carrito hasta encontrar la vía de nuevo. Pan comido. Pero no, ahora no bastaba con que me haya ido al carajo, ni que haya terminado hecha pedazos de nuevo. No, tenía que caer un puto rayo encima mío. Justo hoy, justo ahora. Volver a levantarse, volver a acomodarse. Todo de nuevo. No, es demasiado. Prefiero quedarme sentada y dormir si es que siempre va a ser así. La Nada, después subir, después estrolarse contra el piso. Nah, así no. Thanks, no thanks.

24 junio, 2015

Cardo

  ¿Alguna vez vieron un cardo? Es un yuyo pinchudo y feo. Tiene flores feas y pinchudas, de colores muy llamativos. No tiene perfume, nada más que olor amargo a yuyo. Tiene una corona de espinas, cual mártir de la inquisición, que pincha a quien se acerque sin premio ni recompensa. El cardo envidia por eso a la rosa; ella tiene espinas y lastima, pero por lo menos es hermosa, suave y perfumada. Y todo el mundo la ama. ¿Quién ama al cardo?
  A veces aparece alguien que piensa que tratándolo de alguna forma especial, va a poder salvarse del pinchazo, de la sangre, de la herida. Nunca se salva nadie. Con las flores en alto, el cardo soporta inmutable el golpe enojado de a quien haya herido. Se queda partido, tirado a la vera mientras ve irse al otro, que se lame las heridas remilgadamente. Y el yuyo se queda, se queda; querido por nadie, sanándose solo. Quizás alguien lo vea y lo ayude a erguirse , pero huirá lastimado por las espinas. El cardo es orgulloso, entregado, solitario. Impiadoso. El cardo soy yo.

22 junio, 2015

Mar del Plata

          Mar del Plata no es como todas las ciudades. Es especial. Acá el mar no es cristalino y límpido. Las playas no son de arenas blancas y cálidas. Acá la gente no te recibe siempre con una sonrisa grabada en la cara. Mardel no será la ciudad más limpia de todas, ni la más grande, ni la más afamada, ni la de la gente más simpática. Pero es la ciudad más linda que conozco.
          Acá el mar es turbio en la orilla, lleno de arena y sal; y de un verde azulado majestuoso en alta mar. Cuando el sol se refleja en la olas, se puede ver un arco iris en miniatura. Con la sombra de las nubes se oscurece, pareciendo la piel moteada de un enorme animal marino. La arena es terrosa y gruesa, ideal para los castillos de arena más fuertes que habrás visto. Cuando llueve, los colores parecen más nítidos, más verdaderos. Y los edificios de la costa parecen brillar. Mar del Plata es hermosa cuando llueve. Porque la lluvia apaga el asfalto y prende a los árboles, llenando la ciudad de olor a tierra húmeda, pasto mojado y sal. La gente la llama 'La feliz' y no creo que estén equivocados. En las noches la ciudad se viste de fiesta y deslumbra con sus luces. Los festivales tan grandes, dándose aires de grandeza, cuando no es para tanto. Hay también pequeños festivales personales, que son los más hermosos, los más perfectos. La literatura que se lee en un bar, la película de zombies hecha con amigos, la obra de teatro hecha con amor y no con fama, la murga que se levanta para seguir viviendo, el arte que se vive en la calle y no solo se mira. La vida que pasa más lentamente que en una capital y más rápido que en un pueblo. Es esta cosa intermedia, perfecta como el otoño, que no es ni mucho frio ni mucho calor. Y hablando del clima. Es un desastre. Maravilloso. Calor en verano, templado en otoño y frio en invierno. La primavera no existe. Pero tampoco demasiado calor para derretirse, ni demasiado frio para que nieve. No nieva en Mardel. Nevó una vez, hace mucho, pero nadie de mi edad sabe de eso. Es el mar, dicen, es la humedad, dicen. Pero yo creo que si en Mar del plata nevara, sería ya demasiada perfección junta. Y nadie soporta eso.
         Mar del plata es bastante antipática para ser una ciudad turística. Pero la gente mala hace que la gente buena destaque. Demasiada gente mala hace que una cuidad sea una basura. Demasiada gente buena es tan sospechoso que es antinatural. Y en este equilibrio de gente huraña y gente amistosa es que lo bueno resalta y no se ve avasallado por lo malo. (Menos poéticamente; sí, hay gente de mierda, pero también hay gente muy buena. Y hay más buenos que malos.)
         Amo mi ciudad. Porque fue mi cuna, es mi casa y será siempre mi hogar. La ciudad natal es como el primer amor. Quizás me vaya lejos, muy lejos, y nunca vuelva. Pero siempre va a estar en mi corazón; y de vez en cuando va a volver en forma de nostalgia. Me va a dejar una sonrisa y se va a ir de nuevo. Mi ciudad natal es este punto que me ata, ese centro de gravedad que siempre me atrae y me llama; que cuando estoy me quiero ir, pero cuando me voy solo pienso en volver.
          No es un lugar perfecto, ni de cerca. Hay tanto que hacer, tanto por mejorar. Pero siempre vemos lo malo, y lo malo nos empaña la vista como el aliento en la ventana. Por eso hablo de lo bueno, y ni pienso hablar de lo malo. Porque hay que ver que hay cosas buenas para dejar de quejarse y apreciar un poco más lo que tenemos. Hay que pararse y pensar en que hermosa ciudad tenemos y quererla un poco más. Entonces, queriéndola, dan ganas de ayudarla.
          No se, solamente amo vivir donde vivo, y decirme orgullosamente marplatense.

19 junio, 2015

Rotten

       Ella se veía normal. Ah, tan normal como es posible. Reía, bailaba, y le encantaba el otoño. Normal. Pero nunca iba al médico. Era una fiel defensora de la medicina casera y natural. Infusiones, hierbas, empastes, cosas así. Yerbita buena para curar el mal de amores, incayuyo, viravira, estragón y otros yuyos.
        Ella era normal. Pero estaba podrida por dentro. Todos los yuyos y medicinas nunca la ayudaron a dejar de podrirse. Por eso tenía un perfume dulzón y un poco amargo. Es que todo en su interior esta roto, podrido, corrompido. Ella era buena disimulándolo, así que nunca nadie se dio cuenta. Pero podrían haberlo hecho ¿Es que nunca miraron sus ojos? Ella se miraba al espejo y veía dos piletas vacías, llenas de una nada tan abrumadora que le sacaba el aliento. Quizás se quedaba sin aliento porque sus pulmones también estaban podridos. Vaya uno a saber.
       Tampoco nadie le habrá visto la sonrisa. En apariencia alegre, no era más que un tajo partido en la carne putrefacta. Ni su piel pálida, apergaminada y seca. Ni su risa, que sonaba áspera como si su garganta estuviera hecha de lija. Había tanto que mirar y nadie que lo viera.
        Y nada más. Ella vivió su vida, murió su muerte. Y nadie nunca la salvó de la descomposición lenta y paulatina. Nunca encontraron su cadáver, nada más un montón de tierra negra, ideal para plantar flores hermosas, pero estaba plagada de gusanos. 
                 

11 junio, 2015

Besame en sueños

Soñé que te besaba.
Que mis labios los tuyos tocaban.
Solo fue una fantasía,
¡Pero qué placer me daba!

La miel de tus labios sentía,
como suave y dulce ambrosía.
Sentí el fin del sueño llegar.
Quería que siguiese y no seguía.

Caí en el vacío al despertar,
con el corazón fuera de lugar
Faltaban aún días para verte,
tan solo debía esperar 

30 mayo, 2015

Manifiesto del amour mio

  Tengo que escribir algo, porque si. Porque estoy feliz, y nunca estoy feliz. Ahora mismo tengo un súbito momento de optimismo.Y, bueno, mejor aprovecharlo antes de que se vaya ;) ;)
  La cosa es que estoy enamorada. Y así como que no tengo las más mínima, ínfima, millonésima posibilidad de que las cosas salgan bien y termine declarándome como es debido. El mio es de esos amores que se guardan en un frasco y se ponen en la alacena de los amores imposibles, tratando de seguir. Me ha pasado más de una vez, enamorarme-enfrascar-seguir. Pero ay que no puedo, que no encuentro frasco lo suficientemente grande :c
  Y bueno, generalmente lloro, y sufro y todo eso por el amor no correspondido, enorme e inacabable. Rogando, pidiendo por favor si hay algún dios o algo que este escuchando por casualidad que me saque este amor del pecho. Qcyo, que me pongan algo un poco más manejable.
  Pero hoy estoy agradecida por este amor, que me da un poquito de esperanza cada vez, aunque sigue siendo un abismo. No puedo quejarme, al menos no vive a miles de kilómetros de distancia como algunos de mis amores enfrascados. Pero eso lo hace más difícil de manejar. ¿Cómo no dejarme llevar por el impulso de besar sus dulces labios cuando está ahí nomas, a la mano? D: Ño. 
  Eh, que este se supone que es una cosa alegre, y no la lista de penas y penurias que siempre pongo :O Y es que estoy enamorada, y a mi el amor me hace cosas raras. Como ponerme triste o feliz así de la nada. O me hace ponerme a llorar por cualquier boludes. En mi el enamoramiento es como volver a la hormonalidad puberta. Es horrible, no se lo deseo a nadie, jaja. Y ahora mismo estoy feliz, porque puedo, y porque el amor mío esta un poco más cerca, y a la vez un poco más lejos. Y me encanta. Quiero que se vaya y me deje en paz, pero no soportaría que se vaya y me deje en paz. Quiero que sea mío mío, pero no, porque no creo poder manejar de nuevo una relación, y menos con un amor tan grande que avasalla. Es muy triste y esa tristeza me pone feliz. :D: Es todo lo que necesito y todo lo que no puedo tener cerca, porque me tienta demasiado, y no me caracterizo por mi autocontrol. La piel me escuece los huesos cundo me roza por casualidad. IMAGÍNENSE SI ME TOCA POSTA!! EXPLOTO!! No, prefiero seguir en la animosa contemplación.Como si fuera una obra que se mira y no se toca. 
  Y los celos, no puedo hablar de eso sin ponerme verderojamarillablanca Ò-Ó Nada, es mía, nadie la toca. Aaarrghh no puedo conmigo misma cuando alguien se le acerca. -No toquennn! Se mira y no se tocaaa! Si yo no puedo, nadie puede!!- En fin, así son los celos.
  Y esa fue una simple explicación, porque tenia ganas de dejar las cosas por escrito :3 Con un poco de suerte, lo lee y no tengo que ser yo la que se declare primero!! 
JA

17 mayo, 2015

Carta al grillo:

Grillo, cuando te escuché, solo y melancólico, afuera de mi ventana, me puse triste. Fue como un...
-Uy, pobre. Ahí, solito, llamando a los gritos a alguien que no va aparecer. Porque el patio es chico, y no hay pasto, y esta cerrado. No hay otra forma de salir que la misma muerte -

 Pero ahora, después de casi media hora de Crii Crii incesante, la verdad...me tenes cansada. Ahora es como un...
- Grillo hijodeputa, a ver si te callas que me tenes hasta las pelotas con el ruidito. Y dale y dale con el cricri de mierda. Andate, o morite, o anda a que te coma algún pájaro. Pero callate LPM. Nadie te quiere-

Nada, señor grillo, vallase a la chucha :):

16 mayo, 2015

Roundabout

Érase una vez una madre que le contaba un cuento a su hijo. El niño estaba acostado en su cama con los ojos iluminados, y encajado en el brazo, un león de peluche al que le faltaba un ojo. Y la madre le contó este cuento:
Érase una vez una ovejita, muy blanca, muy lanudita. La ovejita tenía una hermana menor, que era negra y todo el mundo le temía. La hermana mayor la acompañaba a pastar y a tomar agua. Pero como siempre las echaban, terminaban comiendo en el pastizal más alejado y en el recodo más peligroso del río. Un día, mientras la ovejita negra pastaba tranquila, la hermana blanca le contó una historia:
Érase una vez un río, un río muy ancho, muy largo, muy poderoso. El río era madre de muchos ríos más chicos y de riachuelitos, y de charquitos a la vera. Pero había un riachuelo que no quería separarse de su mamá. Y se estancó, se empecinó en quedarse estancado. La madre río, preocupada, ralentizó su pesada marcha para averiguar qué le pasaba a su hijo. Entendiendo la situación, decidió entonces contarle un relato de los viejos ríos paternos:
Érase una vez un hombre muy malo, que estaba rodeado de hombres malos, y se casó con una mujer mala, y tuvieron un hijo malo, que le dio la nieta más buena del mundo. La nieta se negaba a corromperse, a pesar de la insistencia de su padre, y de su abuelo, y de los amigos de sus abuelos. Así pues, la abuela mala le contó un cuento a ver si se espantaba un poco y quedaba malita:
Érase una vez un monstruo. Era un monstruo horrible, que amaba los cuentos de miedo, y también amaba robar chicos para comérselos crudos. Tenía unos dientes filosos y amarillos, entre los que rezumaba una saliva verde y apestosa. Tenía también unas garras como agujas de tejer y cuernos manchados de sangre seca. Podía imitar las voces de quien sea en todo el mundo. Una noche, paseaba por el bosque y vio una casa estilo villa victoriana inglesa de 1850. Las luces estaban apagadas, salvo por una lucecita tenue en una de las ventanas.

El monstruo se asomó y vio a un niño delicioso. Rompió la ventana, mató a la madre sentada en la cama, agarró al niño por el cuello y se lo manducó de un bocado. Sintió algo entre los dientes, escarbó y se sacó los restos de un león de peluche al que le faltaba un ojo.

04 mayo, 2015

Gracias por nada e.e

Y qué si los personajes sabemos que estamos en un cuento. No somos meros transeúntes en esta historia. Existimos, somos, nos sabemos consientes de nuestro papel. Quien es el protagonista, lo sabe. Quien solo es parte del fondo, lo sabe. Y pobre de quien se sabe mártir, que sabe que su existencia termina en determinada página, en una simple línea. Y nunca podemos hacer nada para cambiarlo, solo sabemos y existimos. Por eso yo sé que este texto termina en exactamente 152 palabras. Y me desespero, porque sé que una vez que termine, yo desaparezco. No morimos, no vivimos, transcurrimos en un bucle que empieza con la primera palabra que se lee y termina con el punto final, con la insidiosa palabrita FIN. Qué trágico, que mientras más narro, más cerca mi final. Pero no, no hay forma de detener esta eterna cinta de Moebius. Aunque… si dejases de leer, si dejases sin terminar el cuentito, yo podría vivir para siempre. ¿Harías eso por mí? Si has de hacerlo, hazlo ahora, que se me terminan las palabras. Solo me quedan 54. Hey! Pará que me consumo. Un texto es como una vela. Lo que leíste se quema y se dispersa en el cosmos. Se ve que no te importa la destrucción total de mi mundo. Ok, yo me voy. Porque se me terminan las palabras. Ahí, ahí viene. Ahí llega… llegó. Gracias por nada.

FIN

27 abril, 2015

Crossworlds

¿Se puede enamorar uno de alguien por su letra? Si, se puede. Porque la letra dice quienes somos. Nos caracteriza como personas. Así nace esta historia.
Ella se enamoró de el por su letra. Estaba en la sala de espera del dentista, con una muela malita. A su lado había un hombre haciendo un crucigrama. Ella no solía meterse en la vida de los otros, pero es que le encantaban los crucigramas. Se asomó un poquito y echó una mirada a las referencias. Símbolo químico del Berilio. Él no la sabía, era la 2-vertical y estaba vacía. Miraba con furia disimulada ese par de cuadraditos blancos, sin animarse a hablar, a decirle la respuesta. Trató de distraerse en las otras respuestas, y ahí pasó. ¡Madre mía! ¡Que letra! Era una imprenta prolija, un poco inclinada a la izquierda. Era maravillosa. Se quedó como embobada mirando esa caligrafía ejemplar, tanto que ni escuchó que la llamaban. El hombre a su lado le tocó el hombro y se despertó. Dijo algo como "creo que te están llamando" y la miró a ver si estaba bien. Se veía dulce y amable, aunque fruncía el ceño con preocupación, eso no lo hacia sino más atractivo. Ella contestó algo como "Stoi biengracia"y se fue hasta el consultorio. Después de una extracción poco delicada, salió. Tenía la esperanza entumecida, y la cara también. Esperaba vanamente que el hombre siguiera ahí. No estaba. Había dejado el crucigrama a medio acabar. Solamente le faltaba la 2-vertical. Se lo guardó en el bolso y se fue. No lo volvió a ver en su vida, pero murió enamorada del tipo ese del crucigrama que guardaba celosamente bajo su almohada.
         

23 abril, 2015

Sangre negra

Buenas, vengo a contar una historia :)
Verán, yo soy uno de esos médicos que sacan sangre. Loable y heroica tarea la de pinchar a la gente y sacarle sus fluidos vitales. Bueno, ella llegó un miércoles al mediodía, en la clínica San Antonio. Llegó cargada de papeles, con los lentes dorados chuecos, haciendo equilibrio en la punta de si nariz. Los rulos negros se arremolinaban al rededor de su cara, desprendiéndose del moño como si chorrearan en regueros espiralados. Dejó todas sus cosas en la mesita de recepción y entró al mínimo consultorio. Su piel mulata contrastaba con las paredes blancas. La saludé así como protocolarmente y me dispuse a buscar todas las cosas que necesitaba. Pero algo en ella me atraía, no podía evitar mirarla. Sus ojos me observaban inquietantemente. Dos piletas negras vacías de iris. Todo pupila. Y olía a tinta y a papel. Pero a una tinta y a todas. De lapicera, de máquina de escribir, de impresora, tinta china. Todas perfectamente reconocibles. Inundó mi mente y me embotó el cerebro. Así, cuando le saqué un tubo lleno de sangre espesa negra, ni me inmuté.

07 abril, 2015

Os maldigo

 Os maldigo. Con todos mis dotes de escritora, os maldigo. Con el fuego de mi sangre y el veneno de mi lengua, os maldigo. Y dejo aquí asentado, en tinta azul y papel amarillo, que os maldigo.
 Que el viento sople en vuestra cara, que la lluvia apague vuestro fuego, que el hielo os frene las piernas, y que nunca se eleve vuestro vuelo.
 Os maldigo.
 Maldigo vuestra boca rápida, vuestro corazón frío. Maldigo vuestra mirada caoba que siempre pudo conmigo. Os maldigo una y mil veces, por cientos de años fatídicos. Y que vuestros hijos (si es que los tenéis) también estén malditos. No os maldigo por dejarme sola, mucho menos por haberos ido. Maldigo con saña y con ira, por perseguirme hasta en lo onírico.
 ¡Dejadme partir! Dejadme, os digo. Seguid con vuestra vida, ahora que estáis maldito. Que vuestros sueños se derritan y se interpongan en vuestro camino. Acusadme de cruel, de malvada, pues lo admito. Vivir mi maldición es, de pleno, vuestro castigo. Hasta que exhaléis el último aliento seguirá contigo. Pegado a vuestra alma oscura es que va este maleficio. Y no habrá de abandonaros nunca sin mi permiso. ¡Arrodillaos! ¡Pedidme perdón, que es lo que necesito! Si no expiáis vuestros errores, pues morid de dolor, que sin cuidado me ha traído. Y esperando que esto se cumpla, que sientas mis palabras, ¡Arrepentíos! Puesto que nada más tengo que decir, os maldigo.