¿Alguna vez vieron un cardo? Es un yuyo pinchudo y feo. Tiene flores feas y pinchudas, de colores muy llamativos. No tiene perfume, nada más que olor amargo a yuyo. Tiene una corona de espinas, cual mártir de la inquisición, que pincha a quien se acerque sin premio ni recompensa. El cardo envidia por eso a la rosa; ella tiene espinas y lastima, pero por lo menos es hermosa, suave y perfumada. Y todo el mundo la ama. ¿Quién ama al cardo?
A veces aparece alguien que piensa que tratándolo de alguna forma especial, va a poder salvarse del pinchazo, de la sangre, de la herida. Nunca se salva nadie. Con las flores en alto, el cardo soporta inmutable el golpe enojado de a quien haya herido. Se queda partido, tirado a la vera mientras ve irse al otro, que se lame las heridas remilgadamente. Y el yuyo se queda, se queda; querido por nadie, sanándose solo. Quizás alguien lo vea y lo ayude a erguirse , pero huirá lastimado por las espinas. El cardo es orgulloso, entregado, solitario. Impiadoso. El cardo soy yo.
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24 junio, 2015
19 junio, 2015
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Ella se veía normal. Ah, tan normal como es posible. Reía, bailaba, y le encantaba el otoño. Normal. Pero nunca iba al médico. Era una fiel defensora de la medicina casera y natural. Infusiones, hierbas, empastes, cosas así. Yerbita buena para curar el mal de amores, incayuyo, viravira, estragón y otros yuyos.
Ella era normal. Pero estaba podrida por dentro. Todos los yuyos y medicinas nunca la ayudaron a dejar de podrirse. Por eso tenía un perfume dulzón y un poco amargo. Es que todo en su interior esta roto, podrido, corrompido. Ella era buena disimulándolo, así que nunca nadie se dio cuenta. Pero podrían haberlo hecho ¿Es que nunca miraron sus ojos? Ella se miraba al espejo y veía dos piletas vacías, llenas de una nada tan abrumadora que le sacaba el aliento. Quizás se quedaba sin aliento porque sus pulmones también estaban podridos. Vaya uno a saber.
Tampoco nadie le habrá visto la sonrisa. En apariencia alegre, no era más que un tajo partido en la carne putrefacta. Ni su piel pálida, apergaminada y seca. Ni su risa, que sonaba áspera como si su garganta estuviera hecha de lija. Había tanto que mirar y nadie que lo viera.
Y nada más. Ella vivió su vida, murió su muerte. Y nadie nunca la salvó de la descomposición lenta y paulatina. Nunca encontraron su cadáver, nada más un montón de tierra negra, ideal para plantar flores hermosas, pero estaba plagada de gusanos.
01 diciembre, 2014
Cuánto tardarás?
¿Cuánto tardarás en cansarte?
En dejarme a la vera como si nunca hubiese existido
¿Cuánto tardarás en olvidarme?
Así como te olvidas de las cosas que digo
¿Cuánto tardarás en dejarme?
Cuando te aburras de mis besos desabridos
¿Cuánto tardarás en soltarme?
Creyendo fielmente que nunca me has asido
¿Cuánto tardarás en cambiarme?
Dejando mi roto corazón vacío
¿Cuánto tardarás en matarme?
¿Cuánto tardarás amor mío?
si en un mes, un año o un día te habrás ido.
Vete cuando te apetezca matarme,
pues quedaré sola con mi corazón herido.
Y si algún día regresas,
seré tuya como siempre lo he sido.
25 enero, 2014
Por favor...
¿Por qué duele?¿Por qué tanto? ¿Por qué a mi? Es tarde... Ya es tarde para mi. Dijiste muchas cosas, me golpearon, me dolieron. Me duelen. Son como dagas; pero decir dagas es poco. Es algo más personal. Es como un pedazo de hielo, hundido, profundo. Tan frio que quema. Me lacera la piel, me descalabra los huesos. Hice mal, tantas veces, hice tantas cosas mal. Pero no quise. Dije tantas cosas erroneas. Pero no quise. Y duelen. Oh, como duelen los errores.
"Jugaste rompiendo las reglas, ahora me toca a mi"
Solamente soy eso, un juego. Solamente es un juego sangriento y sucio. Solamente sería asi de simple, tirarme por la ventana y aterrizar suavemente sobre los picos de la reja. Solamente una ficha, un tablero y muchas palabras. Impregnadas todas en tierra, sal y sangre.
"Jugaste mal tus fichas, fuiste apresurada y torpe"
Lo soy, lo fuí, lo seré. Solamente soy eso. No soy nada, nunca lo fuí, nunca lo seré. Solamente tierra, sal y sangre. Ni la tinta ni las letras, ni el lápiz y el papel me calman. Solamente se prenden fuego, un fuego que no derrite el hielo eterno que me clavaste en el pecho. Este hielo que no se ve, porque solamente lo vemos nosotros. O al menos yo.
"No me vengas con palabras bonitas"
Pero es todo lo que me queda. Dulces palabras, que se las lleva el viento, hasta la orilla del mar. Y se lo tragan las olas. Sueños. Es todo lo que me queda. Es todo lo que soy ahora, porque sin ellos, sería solo una cascara de un ser. Solo tristeza, autodesprecio e indiferencia. Soy solo una máquina que opera en automático. Que simula respuestas, que sonríe al que pasa pero no soy yo. Yo estoy lejos de aqui, perdida entre la miseria y el dolor. Este dolor que no duele.El dolor ya no es dolor. Es un dolor frío y seco. Que no duele, que no se siente más que como un escozor.
Por favor...
Quiero que se detenga.
Por favor...
Haz que pare.
Por favor...
No más...no más.
Por favor...
"Jugaste rompiendo las reglas, ahora me toca a mi"Solamente soy eso, un juego. Solamente es un juego sangriento y sucio. Solamente sería asi de simple, tirarme por la ventana y aterrizar suavemente sobre los picos de la reja. Solamente una ficha, un tablero y muchas palabras. Impregnadas todas en tierra, sal y sangre.
"Jugaste mal tus fichas, fuiste apresurada y torpe"
Lo soy, lo fuí, lo seré. Solamente soy eso. No soy nada, nunca lo fuí, nunca lo seré. Solamente tierra, sal y sangre. Ni la tinta ni las letras, ni el lápiz y el papel me calman. Solamente se prenden fuego, un fuego que no derrite el hielo eterno que me clavaste en el pecho. Este hielo que no se ve, porque solamente lo vemos nosotros. O al menos yo.
"No me vengas con palabras bonitas"
Pero es todo lo que me queda. Dulces palabras, que se las lleva el viento, hasta la orilla del mar. Y se lo tragan las olas. Sueños. Es todo lo que me queda. Es todo lo que soy ahora, porque sin ellos, sería solo una cascara de un ser. Solo tristeza, autodesprecio e indiferencia. Soy solo una máquina que opera en automático. Que simula respuestas, que sonríe al que pasa pero no soy yo. Yo estoy lejos de aqui, perdida entre la miseria y el dolor. Este dolor que no duele.El dolor ya no es dolor. Es un dolor frío y seco. Que no duele, que no se siente más que como un escozor.
Por favor...
Quiero que se detenga.
Por favor...
Haz que pare.
Por favor...
No más...no más.
Por favor...
08 abril, 2013
Recuerdos de un primer amor
Tomo la cuchara y me miro en el reflejo curvo. Aún no puedo acostumbrarme a mi nueva imagen, me asquea y me quita el apetito. Veo la sopa de verduras, verde y espesa. No la tolero y la alejo de mi antes de que las nauseas me aquejen. Mi madre sorbe la sopa poco a poco, como si quemara y me mira de reojo. Cuando nuestros ojos se cruzan ella vuelve la cabeza para mirar a mi hermana. Ella, tan dulce con sus trenzas doradas, sus labios color grosella y sus ojos verdes, he de admitirlo Lila es encantadora. Pero yo también lo era. Mi cabello pelirrojo, largo como una melena de fuego. Mis ojos azules, no celestes, azules como los zafiros. Pero eso fue antes de la explosión del tubo de gas de la taberna. Me levanto de la mesa en silencio y camino a mi habitación. Casi llegando me veo en el espejo del pasillo y no puedo evitar quedarme mirando. Mi pelo tronchado, de puntas ennegrecidas, quemado hasta el cuello; el lado derecho de mi cara esta vendado, cubriendo el ojo donde me saltó la astilla de metal. Los doctores dijeron que recuperaría la visión, pero por ahora solo veo negro. Mis labios cuarteados como tierra seca de verano, mi brazo vendado, con manchas rojas salpicando la tela impoluta. Fui afortunada, algunos murieron, muchos más quedaron heridos de muerte, otros postrados de por vida...otros ilesos. La vida puede ser muy injusta ¿Quién decide quien muere, quien vive? Debe haber una fuerza superior. Universo, Dios, Karma, Alá, Buda ¿No son la misma cosa? Agentes superiores modeladores del destino. El hilo rojo de los japoneses. Mi hilo murió hace tiempo, en un lugar lejano, afectado por la neumonía. Mi primer y único amor, aquel chico castaño que se robó mi corazón cuando casi no podía vivir. Solo recuerdo que hacía frío, tanto frío que no sentía los dedos. recuerdo que su sonrisa me dio calor y que se quitó la chaqueta para calmarme, aunque el quedase solo en camisa. luego nada, negro. Recuerdo el carro que lo llevó a la ciudad para salvarlo, recuerdo cuando el carro volvió sin él. Nada más, después de eso mi vida se sintió vacía. Los días eran largos, las noches más largas aún. Lo son todavía. Todo me recuerda a él, pero verme al espejo sucio no es una de ellas. Solo estamos mi cara demacrada, mi cuerpo destrozado, mi alma rota y yo, en el medio del pasillo. Una lágrima cae de mi ojo bueno y la limpio antes de darme cuenta de qué estoy haciendo. Doy un largo suspiro y me voy a dormir.
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