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04 mayo, 2020

f i l o s a


(Tema sensible: Autolesión)

Hay una voz en mi interior
   que me llama
           me llama
y no quiero escucharla.

Me susurra que todo va a estar bien
   que ella sabe
   que todo es por mi bien
y no quiero escucharla.

Me dice que no sea hipócrita
   que ya fui
   que ya la seguí
y no quiero escucharla.

Me habla con su voz de hielo
   que sé que me voy a sentir mejor
   que después no me voy a arrepentir
y  no quiero escucharla.

Sabe murmurarme
   que ella tiene la solución
   que va a hacer que el dolor duela menos
y no quiero escucharla.

Y ya no quiero escucharla
   porque incontables veces
   escuché su voz filosa
                filosa como una gillete
                filosa como una hoja de sacapuntas
                filosa como una tijera
                filosa como un cutter
                filosa como una aguja de coser.
Escuché su voz
   y entretejí la telaraña
   que recorre mis muslos
     mis brazos
   y se desliza debajo de mi tatuaje
     ese que me hice para recordarme
                que si
                que la escuché
Tantas tantas veces lloré lagrimitas rojas
y tantas tantas me arrepentí.

Pero al final del día
   es mi decisión no hacerle caso.
Pero al final del día
  pasan los años
                y la sigo escuchando.

15 octubre, 2015

El hielo



Me llama
Está llamándome ahora mismo.
Murmura mi nombre.
El hielo.
Sabe cuándo hablar,
y cuándo callar.
Siempre está pendiente
de esos momentos
en los que no me siento
yo misma.
Me susurra mi nombre al oído.
Me habla como si nos conociéramos.
Y nos conocemos.
Demasiado bien, me parece.
Siempre está ahí
su vos.
Sus palabras.
Su eterna insinuación.
Se esconde bien
sabe esconderse y que aún así
lo escuche.
En el fondo de la voz
de mis amigos.
En el frufrú de la tela
cuando abrazo a mis hermanos.
Entre las letras de las canciones
que, pienso, me dan refugio.
Escucho su voz ahora,
entre la melodía de las teclas.
Me dice que lo busque,
que lo siga,
que lo use,
que lo sienta,
que lo sufra.
Trato de resistirme.
Siempre trato.
Pero es constante.
Hay veces que,
simplemente,
no puedo.
Y me dejo ir.
Y le hago caso.
Y después me arrepiento.
El hielo,
a veces,
es más fuerte que yo.

17 julio, 2015

Cosa

Hay algo.
Algo que se desliza.
Algo que se arrastra a tu espalda.
con su ruido viscoso.
Te sigue sin que te des cuenta.
Como tu sombra.
Se acerca con sus tentáculos.
Y en la oscuridad,
cuando no podes verlo,
se ríe.
Se ríe de tus llagas,
de la sangre terrosa
que se escapa de tus heridas.
Del dolor que te dobla en dos.
Y cuando prendes la luz
se queda inmóvil.
Se arrebuja para que no lo veas.
No vas a verlo nunca.
Pero está.
Y algún día va a atraparte.
Pero no temas,
no, no tengas miedo.
No hay de que preocuparse.
Cuando te alcance por fin,
será lo último que veas.




17 enero, 2015

La chica sin color



Había una vez una chica sin color. Ella solía reír como todos los demás, simplemente disfrutando de cómo se sentía la risa al salir de su garganta. Pero aun así, no tenía colores, por lo que lloraba todas las noches. Ella recordaba haber tenido colores antes, pero no sabía cómo los había perdido, ni cómo recuperarlos. Un día conoció a un chico que tampoco tenía colores.  Su gris era incluso más apagado que el de ella misma. Inmediatamente se enamoraron, como en todas esas películas cursis de Hollywood. Ella le devolvió en parte sus colores, y él la hizo la chica más feliz del mundo, dejándola ver sus verdaderos colores. La relación creció y se alargó en un período de dos años y medios. Hubo peleas horribles, y reconciliaciones hermosas. Y a pesar de todo se seguían perdonando, porque se amaban más que a cualquier cosa en el mundo. Un día, la manzana de la tentación se mostró ante la chica y, despreciando sus colores y los de su amado, se dejó llevar por la dulce tentación. Se llenó las venas con una embriagante confusión que la llevó al peor de los errores. Esa tentación tenía un nombre y un apellido. Pero las cosas en secreto no duran, considerando que la chica era muy torpe y demasiado despistada para cubrir un rastro. Su amado descubrió su traición y se marchó llevándose todos los colores de ambos. Y ella volvió a ser la chica sin color. Pero mantuvo la esperanza de que, después de todo lo que habían pasado, siguieran amándose como siempre. Esperó en vano a poder recuperar algunos colores sola, y cuando decidió volver a sus brazos, ya era demasiado tarde. Él simplemente amaba a otra. Había alguien más que pintara sus colores, alguien que nunca cedería ante la tentación como ella lo había hecho. Alguien con quien él sería verdaderamente feliz. Así que lo dejó ser. Ella le había dado su corazón, así que cuando él se fue, ella quedó sin colores en su alma y sin corazón en su pecho. Quizás su castigo por traicionar al amor, sea vagar para siempre descolorida. Sin poder amar, ni ser amada. Para el fin de los tiempos, sola.