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29 julio, 2023

Poema de amor en dos actos

 INTRO
Quisiera escribirte el poema más hermoso que hayas escuchado. Escribirte, por ejemplo, que tus labios son la cosa más suave y tierna que alguna vez haya existido sobre la tierra.
Pero la verdad es que no escribo puemitas de amor, que quizás podría pedirle ayuda a Guada para imbuirle una clase de romanticismo a mis versos.
Mis poemas tienen una pulsión de muerte más parecida a los de los poetas malditos. Los míos son poemas hechos de sangre y de lágrimas. De cicatrices y remiendos y cinta scotch.
Pero no por eso dejo de amarte como te amo. No por eso dejo de pensarte en poemas, por más morbidos que sean.

PUEMA

Al final de la mañana
Cuando la niebla disfumine mi memoria
Espero que tu nombre 
Siga sonando en mi boca
Mucho después
De que los míos 
hayan desaparecido.

Al final del día
Cuando sea la hora
De apagar las luces,
Espero que te vayas
Mucho antes que yo.
Que tu mente se silencie
Sabiendo de que te amo,
Y que te amé hasta el último segundo.

Al final de la noche
Cuando sea el momento
De bajar el telón.
Quiero que mi aplauso
Sea lo último que escuches.
Que te vayas a los camarines sonriendo,
Sabiendo que estoy orgulloso
De todo lo que hiciste en el escenario.

Al final de esta vida
Al momento del trasbordo
Ojalá me esperes
Y nos mandemos juntos
De la manito 
A la siguiente gran aventura.

Al principio de otra vida
Cuando nazca
Con otro nombre
Con otro cuerpo
Con la misma alma,
Espero encontrarte 
Y decirte
Que tus labios son la cosa
Más suave y tierna
Que alguna vez haya existido sobre la tierra.

04 noviembre, 2017



No, no temo a la muerte
    pues convivo con ella.
Muero todos los días,
    a todas horas.
En lo macro y en el micro.
    En flores, y horas, y sueños, y personas.
    En colectivos perdidos,
    (just for a second)
    En dibujos manchados.
    En parciales desaprobados,
    (stained with tears and failure)
    En cosas rotas
    (beyond repair)
    En ese mensaje nunca contestado.
    En la estática de las horas de trasnoche.
Muero con cada pequeña
    desgracia cotidiana.
Muero en cada detalle que hace
       que me pierda.

08 mayo, 2016

Alula



Érase una vez una chica llamada Alula.
Alula tenía un secreto, bastante feo.
Alula era terriblemente torpe.
¿Por qué eso era tan feo?
Alula era la princesa heredera al trono.
Era la bailarina principal de la compañía.
Era la principal candidata en las elecciones.
Era la hija mayor, menor y la del medio.
Era la esperanza de su pueblo.
Era una artista prodigiosa.
Era el mejor promedio de su clase.
Era una promesa en los deportes.
Era la próxima gran escritora de su generación.
Era una actriz innata camino a la fama.
Todo el mundo veía mucho potencial en ella.
Por eso no podía ser torpe.
Era tan torpe que tenía las rodillas llenas de moretones púrpuras.
Era tan torpe que usaba mangas largas en verano.
Era tan torpe que un día se cortó con una cuchilla.
Era tan torpe que una vez se enredó con unas sogas y casi se ahoga.
Era tan torpe que lloraba y no sabía por qué.
Esa era Alula. Era bastante hermosa y tenía un buen futuro por delante.
Pero nadie se preguntó por qué era tan torpe.
Así que nadie se sorprendió cuando cayó por el balcón del tercer piso.
De puro torpe, supongo.

17 julio, 2015

Cosa

Hay algo.
Algo que se desliza.
Algo que se arrastra a tu espalda.
con su ruido viscoso.
Te sigue sin que te des cuenta.
Como tu sombra.
Se acerca con sus tentáculos.
Y en la oscuridad,
cuando no podes verlo,
se ríe.
Se ríe de tus llagas,
de la sangre terrosa
que se escapa de tus heridas.
Del dolor que te dobla en dos.
Y cuando prendes la luz
se queda inmóvil.
Se arrebuja para que no lo veas.
No vas a verlo nunca.
Pero está.
Y algún día va a atraparte.
Pero no temas,
no, no tengas miedo.
No hay de que preocuparse.
Cuando te alcance por fin,
será lo último que veas.




09 octubre, 2014

Dead inside

¿Ves a esa chica de ahí? la que sonríe, baila y hace tonterías ¿La ves? Muerta. Ella esta muerta y nada la hará volver. No hay brillo en sus ojos, ni alegría en su reír. ¿No ves sus lágrimas? ¿No ves su sufrimiento?. Se ríe para que nadie vea sus lágrimas. ¿No ves como pide a gritos que la ayuden? ¿No ves lo cerca que siente el final? Mirala y verás las noches en vela llorando, esperando, creyendo que todo va a mejorar. Sabiendo que no lo hará. Mirala y verás lo que escribe y esconde, para que nadie lea su tristeza. Mirala y verás las ganas que tiene de acabar con todo de una vez. Mirala y verás que no tiene el valor para hacerlo. Verás lo inútil que se siente. Verás los planes y las cartas suicidas que archivó en una caja. Verás la sangre y las lágrimas. Verás el vacío que hay dentro de ella. Verás que solo es una marioneta.

04 noviembre, 2013

O bixo do coco

El Cuco entro en mi casa. No dejo nada, solo tristeza, pero así es como actúa. Yo no tengo niños que el Cuco me lleve por eso se llevó a mi niño interior. Quizás solamente para ver cómo me destruía lentamente.
Entró como un vendaval. Sacudió las cortinas, rompió los platos, tumbó los muebles, mató al gato y al final, se acercó a mí. Me miró con sus ojos vacíos, llenos de nada y sentí frio. Un frio feroz que me congeló las extremidades. Sentí mi felicidad irse, abandonarme. Entonces estuve seguro de que estaba acabado. Y antes de desvanecerse en la oscuridad me dijo "Si te escapas, el Cuco va a encontrarte". Su voz era extrañamente dulce, como la de una madre angustiada. Porque el Cuco era una mujer.
Vivía las horas como días, las semanas como años y los meses como siglos. Paso un año lleno de desgracias, todo causado por el Cuco. Pero el tiempo cura todos los males y yo aprendí a vivir sin esa alegría de quienes tienen su niño interior. Pero sentía algo como satisfacción. Una secreta satisfacción a la vida.
Pero entonces el Cuco volvió. Con su suspiro gélido y su voz de ángel me volvió a decir "Si te escapas, el Cuco va a encontrarte". Entonces lo entendí, mi niño interior estaba volviendo, escapando de la jaula del Cuco. Ella me miró con sus ojos de rosas negras, llenos de rocío. Entonces no sentí nada. Era como si, de pronto ya no existiera nada más que yo. No tenía pulso ni lo necesitaba. El Cuco me había matado y yo ya no existía.
Aún así, lentamente, fui recuperando mis sentidos. Hacía frío y tenía un sabor metálico en la boca. Los labios cuarteados me dolían y la lengua pastosa me raspaba el paladar. Abrí los ojos y solo vi líneas de plata. Eran barrotes, en una cueva sombría y sentada en una roca estaba el Cuco. Tocaba una ocarina púrpura, llenando los recovecos de la cueva con notas melancólicas. "Yo debía matarte" Dijo el Cuco "Pero eso no te acabaría, así que te quité lo que un hombre necesita antes que la vida...la libertad". Y siguió tocando su ocarina, llenando de notas tristes mi corazón.

24 abril, 2013

Historia triste

Un lluvia fina caía mojando el piso, salpicando las ventanas, haciendo charquitos en las baldosas rotas. Amaba la lluvia cuando era pequeña, porque me mojaba y me hacía cosquillas. Pero ya no, porque la lluvia me hace recordar ese frío día de invierno cuando estaba afuera de la casa funeraria donde velaban a mi mamá. Tenía 19 en aquel tiempo. Rebelde, haciéndome creer que podía contra el mundo yo sola, cuando lo único que quería era un cálido abrazo de mi mami. Pero mi madre murió un 30 de agosto, en día de Santa Rosa. Nunca creí en Dios ni en los santos, pero quería suponer que estaba en un lugar mejor. Nunca conocí a mi padre, un viejo verde que embarazó a mi mamá, la llenó de ilusiones y de la nada desapareció. Mamá me crió sola, ella y yo en la gran ciudad. Trabajaba y me ayudaba con los deberes, esos son mis dos recuerdos de ella de mi infancia. Algunas pocas peleas, casi ninguna.Tantas lágrimas, y hambre. No fue una infancia normal, porque a veces nos embargaban la casa y dormíamos en un hotel barato o en la casa de algún amigo de mamá.
 Ahora ella estaba en un cajón rumbo al cementerio y yo estaba sola. A una edad en la que creía que me las sabía todas, cuando en realidad no sabía nada. Fueron días horribles, en una casa solitaria y vacía, sin vida en absoluto. Yo por dentro estaba igual. No podía distinguir los días de las noches, ni mucho menos levantarme para hacer algo. No salía de casa, y apenas me levantaba de la cama cuando la necesidad de ir al baño me llamaba. Empecé a perder peso, estaba escuálida y sucia, pálida como la nieve. Me encontró un día el encargado del edificio, que se preocupó al ver que mi correo se amontonaba en la mesa de entrada. Era un chico joven y apuesto, en otro tiempo me habría gustado, pero ahora estaba tan derruida que no concebía que hubiera algo de amor en mi.