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24 junio, 2015

Cardo

  ¿Alguna vez vieron un cardo? Es un yuyo pinchudo y feo. Tiene flores feas y pinchudas, de colores muy llamativos. No tiene perfume, nada más que olor amargo a yuyo. Tiene una corona de espinas, cual mártir de la inquisición, que pincha a quien se acerque sin premio ni recompensa. El cardo envidia por eso a la rosa; ella tiene espinas y lastima, pero por lo menos es hermosa, suave y perfumada. Y todo el mundo la ama. ¿Quién ama al cardo?
  A veces aparece alguien que piensa que tratándolo de alguna forma especial, va a poder salvarse del pinchazo, de la sangre, de la herida. Nunca se salva nadie. Con las flores en alto, el cardo soporta inmutable el golpe enojado de a quien haya herido. Se queda partido, tirado a la vera mientras ve irse al otro, que se lame las heridas remilgadamente. Y el yuyo se queda, se queda; querido por nadie, sanándose solo. Quizás alguien lo vea y lo ayude a erguirse , pero huirá lastimado por las espinas. El cardo es orgulloso, entregado, solitario. Impiadoso. El cardo soy yo.