Subí y bajé en ondas suaves y pronunciadas por mucho tiempo. Después subí de golpe, frenéticamente, toque el cielo. Pero después de la subida viene la bajada. Bajé. Me estrellé, se salió el carrito de las vías y me fui a la mierda. Después, de a poco, me fui curando los huesos, lamiéndome las heridas, y volví a encausar el carrito como pude. Traqueteaba y se balanceaba inseguramente, pero avanzaba. Se movía en una planicie yerma surcada solamente por la vía estéril que no iba a ninguna parte. Y de nuevo subí. Más rápido que nunca, más fuerte, más de golpe. Era una subida vertical a miles de kilómetros por hora. Toqué el cielo por unos segundo y y caí. La caída era igual de abrupta, y lo único que podía hacer era agarrarme y esperar el golpe con una sonrisa. Se terminaron las vías, y me fui de nuevo a la mierda. Me quedé tirada unos segundos, pero esto ya me había pasado antes y sabía que hacer. Levantar el carrito, limpiarme las heridas, desperezarme para acomodar los magullones en su lugar y caminar empujando el carrito hasta encontrar la vía de nuevo. Pan comido. Pero no, ahora no bastaba con que me haya ido al carajo, ni que haya terminado hecha pedazos de nuevo. No, tenía que caer un puto rayo encima mío. Justo hoy, justo ahora. Volver a levantarse, volver a acomodarse. Todo de nuevo. No, es demasiado. Prefiero quedarme sentada y dormir si es que siempre va a ser así. La Nada, después subir, después estrolarse contra el piso. Nah, así no. Thanks, no thanks.
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28 junio, 2015
Roller coaster
Life is like a roller coaster, canta Cocorosie. Y si. Es una puta montaña rusa. Aunque en mi caso sería el amor.
06 diciembre, 2014
Maravillas
Ella despertó una tarde en un mundo lleno de maravillas. Y miró todo lo que había, lo observó y lo vio sin reparo. Hasta que de tanto mirar quedó ciega, pues había visto todo lo que debía ver en su vida. En ese entonces comenzó a escuchar, prestando atención hasta el sonido del viento destrozando un diente de león. Escuchó cuanto pudo, hasta que quedó sorda pues había oído todo lo que debía oír en su vida. En ese momento comenzó a degustar los sabores del mundo. Probó los más reacios sabores, que despertaban en su lengua una fiesta. Cuando hubo probado todos los sabores se le durmió la lengua, pues había saboreado todo lo que debía probar en su vida Recién ahí comenzó a oler; sintiendo el perfume de las camelias en flor. Olió todas las flores de ese mundo fabuloso hasta que no pudo oler ninguna más pues había sentido todos los olores que debía sentir en su vida. Al final, comenzó a tocar lo que quedaba. Descubrió un mundo de texturas invisibles, que generaban colores, música, sabores y olores en su mente. Tocó todas las cosas en ese mundo de maravillas oscuras, secretas. Pasó los dedos hasta que la piel se desprendió de sus manos, de sus pies, de sus brazos, de todo su cuerpo. Dejándola en carne viva y cerrada a ese mundo fascinante que había encontrado. Y ahí, en la serenidad del vacío, se despertó. Sintiendo, oliendo, viéndolo todo. Pero el mundo era tan gris y vacío, que prefirió haberse quedado en la nada por siempre.
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