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26 mayo, 2014

Te encuentro

Hoy voy a hablar de ti,
mi amor.
De como te veo y te encuentro
en cada cosa, en cada sueño.

Te veo en las sombras inquietas
que se esconden tras rayos ambarinos
Te encuentro en mis sueños despiertos
en mis horas, y caminos

Te oigo en las gotas de lluvia,
que golpean en mi vidrio
Llamando mi nombre entre ellas,
repitiéndolo despacito.

Te encuentro en el millar de estrellas,
que me observan desde el cielo.

Te busco en los pájaros libres
que buscan su camino sin miedo

Te encuentro en mi destino,
siempre todo revuelto.
Te busco en mis libros,
entre esos personajes de ensueño.

En todo te encuentro y te veo,
te oigo en cualquier momento.
Desde el murmullo de las hojas de otoño
hasta el suave susurro del viento

¿Será que estas siempre en mi mente?
¿Será que solo en ti pienso?
Sea por lo que sea
en todo te veo y te encuentro.

18 febrero, 2014

Soy humana

Solamente quiero que entiendas que soy humana, y me equivoco. Quiero que me veas como soy.
     No soy una deidad
                                                        No soy un angel
                                            No soy perfecta
                                                                                                                                    ni mucho menos
Solamente soy yo.Asi como soy, torpe, descuidada, un poco narcicista a veces, a veces muy autodestructiva. Soy simple, simplemente alegre o simplemente confiada. Tambien soy compleja. Como cuando estoy histérica, que no pienso, y punto. No soy de esas personas calculadoras, meticulosas, que piensan antes de actuar (y hablar). Soy acelerada, exacerbada, atolondrada, despistada... Pero hago lo que puedo y no creas que no me duele que por ser asi, lastimo a la gente que quiero. Y que me quiere. Pero tengo un gran corazón, y mis "lo siento" son sinceros. Pido perdón a menudo pero siempre me arrepiento. Vivo la vida arrepentida por ser bruta, sin cerebro. Pero no todo es malo, tambien tengo cosas buenas. Porque somos un equilibrio. Y no hay bien sin mal, ni mal sin bien. Solamente soy humana. Ámame asi, odiame asi, pero no me pidas que cambie. Acepto el castigo de las consecuencias, pero solamente te pido una cosa...
                 No te alejes
                                                                                    No me dejes sola
                                        quedate aqui
                                                                                                                                             conmigo

19 enero, 2014

Let me be


Ella está ahí, sentada en la mesa más luminosa del café. Su tacita de café espumoso sigue intacta, en el lugar en que la dejó la mesera. Está demasiado ocupada escribiendo en su cuaderno espiralado. Su mano se mueve como un relámpago entre los renglones, dejando letras y más letras a su paso. En sus ojos se ve el reflejo de su tristeza, ¿Cuál será la pena que la aqueja? Una emoción extraña surca sus ojos y pronto sé que su lapicera se quedó sin tinta, porque raya desenfrenadamente la última hoja de su cuaderno. Suspira cansinamente y revolea la lapicera en su mochila, luego busca y rebusca hasta que saca una cartuchera verde. Busca y rebusca dentro de esta y saca una lapicera roja. La mira como si fuera una vergüenza que no fuera azul. Pero niega con la cabeza ligeramente y sigue escribiendo. Su flequillo todo desteñido se le mete frente a los ojos y ella se lo vuelve a poner detrás de la oreja, sin pensarlo. Sigue escribiendo como si su vida dependiera de ello. Ahora en sus ojos no solo está esa tristeza secreta, sino algo más, algo aún más profundo, más extraño. Pero no sé qué es. Se da cuenta de que su café se enfría y le da un sorbo. Pone cara de asco y estira la mano para agarrar tres paquetitos de azúcar. Demasiado en mi opinión. Vacía los tres y revuelve distraídamente mientras relee lo que escribió. Tiene un gesto de serena satisfacción. Suelta el cuaderno y se toma todo su café de una, así, sin aire de por medio. Ay querida, eso es un café, no un chupito de vodka. Deja la taza y sigue escribiendo. Afuera se nubla y la suya deja de ser la mesa más iluminada. En sus ojos destella esa emoción rara, mezcla de melancolía y emoción. Deja de escribir y mira
por el ventanal. Se distrae mirando a la gente pasar y de pronto se le cae el cuaderno al suelo en un desparramo de hojas. Me estiro y
la ayudo a levantar todo. Ella me sonríe en agradecimiento; una sonrisa hermosa pero que esconde esa misma emoción que ocultan sus ojos. Vuelve su atención a mi computadora y pregunta inocentemente qué estoy escribiendo. No puedo decirle que escribo sobre ella así que invento algo sobre la marcha. Ella se ríe de mi ocurrencia aunque ni idea de lo que dije. Mira su reloj azul en su muñeca y su sonrisa se esfuma por un segundo. Guarda todo apurada y se despide de mí. Paga su café en el mostrador y se acerca a la puerta. Antes de que se vaya le pregunto su nombre. “Agustina” responde mientras vuelve a ponerse el pelo atrás de la oreja. Se da media vuelta y lo último que veo es su mochila de Sum 41. Cruza la calle sin mirar y sigue con su vida. Vuelvo mi vista a su mesa y veo la lapicera roja, toda
olvidada. La agarro y, antes de guardarla en mi bolsillo le digo: “Tranquila, para mí no sos una vergüenza por no ser azul”

22 mayo, 2013

Me gustan las cosas depresivas


Me gustan las cosas depresivas .Soy feliz con ellas. Es como una extraña relación que formé con ellas hace tiempo. Eran tiempos obscuros, relativamente. Estaba siempre triste, aunque nunca nadie se dio cuenta. Quizás porque yo disfrazaba bien mis lágrimas con una sonrisa o quizás porque nunca nadie se fijó en mis ojos demasiado. Porque yo la veía. Veía la tristeza y el vacío en el fondo de mis ojos. Eran ojos opacos con ojeras que iban y venían a su antojo. Escuchaba música que combinaba con mi estado anímico, triste y depresivo. Ahogaba mis penas en los trazos de mi lapicera, de mi tragedia. Escribía poesías deprimentes pero hermosas y, a su modo, ellas me acompañaban en mis noches de soledad y pensamientos existenciales. Así nació nuestra relación, las cosas depresivas eran mis cómplices, mis compañeras. Escondía mis lágrimas en mi almohada, que me recibía amorosamente las noches en que sentía que ya no podía más. Nunca supe bien qué era lo que causaba mi desazón. Creo que la razón quedó perdida entre poemas y lágrimas, dejándome sola con mis penas. Encontré a alguien, alguien que me amaba, alguien en quien podía refugiarme de los desconsuelos que me perseguían. Pero ya estaba muy herida, tenía una herida que mi silencio solo ahondaba. Herida y escondida detrás de una máscara de mentiras. Le sonreí a ese alguien y lo acepté con los brazos abiertos, esperando que pudiera llenar ese vacío en mi corazón y en mis ojos. Pasó un mes, dos, cuatro, y yo seguía igual. Mis escapes eran la poesía trágica y los besos de mi alguien. Me sentía morir por las noches cuando, además de mi propia melancolía, sentía la ausencia de mi alguien. El invierno no hacía más que empeorar las cosas. Los días grises y el frío solamente me daban ganas de quedarme en mi cama, donde me sentía a gusto. Desaprobé una materia, después fueron dos. Nunca en mi vida había desaprobado ningún trimestre. Las cosas no me salían. Ni matemática ni física ni geografía. Me dormía en literatura y en historia. Pasé por alto más de una clase de biología, mi materia favorita. Y escribía, escribía mis poemas en un cuaderno que guardaba con celo para que nadie lo leyera. Me corté un par de veces, pero solo cuando el dolor de adentro era mayor que el de afuera. Así me hice inmune al dolor. Me cerré un poco, pero no demasiado. El dolor no pudo quebrantar mi espíritu, y menos, mi personalidad. Siempre fui desenvuelta de naturaleza, cómica y alocada. Nunca dejé que me vieran mal, quizás porque nunca quise que mis amigos se pusieran mal por mí.
La llegada de la primavera, el sol y el calor me reconfortó. Poco a poco dejé de llorar y mis poemas tristes se matizaban con otros un poco más complacientes. Y así me fui alejando de las tragedias y las canciones tristes. Pero nunca corté la relación con las cosas depresivas. Siguen siendo mis compañeras, me acompañan dentro de la alegría. Dentro de esta monotonía satisfactoria en la que vivo. 

26 marzo, 2013

Una parte de mi.

Soy una quimera que no diferencia la realidad de la ficción. Veo el mundo con otros ojos, porque me quité las anteojeras hace tiempo. No se si hay vida después de la muerte pero quiero pensar que si. Amo los libros y me gusta perderme en ellos y encontrarme conmigo misma. Escribo para vivir y vivo para escribir. Es mi cable a tierra y el viento que me hace volar.
Veo las cosas y me pregunto por qué pasan, investigo, leo y no llego a ninguna conclusión. Estudio la historia que los historiadores no estudian, la historia escondida en los libros fantásticos y en las poesías trágicas. A veces me deprimo, me corto un poco y después veo las lineas en mi piel y me arrepiento. Vuelvo a sonreír y a ser feliz, y de nuevo me deprimo y así. Es un circulo vicioso. Trato de ser positiva pero el negativismo me sale de adentro...y me gusta. Peleo todos los días para no gritarle a la gente y hasta ahora vengo ganando. Soy egocéntrica, pero lo disimulo, o trato de hacerlo, o nunca me dijeron que lo sea, ni que no. Desvarío, mayormente en las horas de geografía. Subo y bajo en la calesita mental de mi imaginación. Amo demasiadas cosas, cosas enormes como las nebulosas, cosas chiquitas como los botones. Amo el sol y la luna, amo el firmamento, los árboles, la computadora, los libros, el capuchino, bailar y escribir. Amo dibujar, pero eso no quiere decir que lo haga bien. Amo la música, los colores, las sábanas, los tigres, los cascabeles, disfrazarme, dormir y comer, Tumblr, los pinceles, las palabras largas y las fobias curiosas, el olor a azahar, los arlequines, los gatos, a veces las chicas, a veces los chicos, el chicle y el dulce de leche, el amor y el odio, mas la azúcar que la sal. Amo el quedo murmullo del viento entre las hojas de los árboles y cómo las hojas de estos caen en otoño cubriendo la acera de un manto dorado. Amo reír y llorar, amo hablar por teléfono y viajar en avión. Odio la lechuga...

04 septiembre, 2012

Emociones

 Las emociones son imprevisibles, incontrolables. No se las llama ni se las libera, van y vienen a su antojo, son libres. Pueden llegar como un torbellino y envolvernos, llenarnos, hacernos zozobrar. La ira, la tristeza, el amor, el odio, la felicidad, todas son lo mismo, pero a la vez son diferentes. Duelen, sanan, hieren, reparan, hacen muchas cosas, buenas, malas o que nos son indiferentes.
 Hace unos minutos yo era un espiral de enojo y tristeza. Millones de pensamientos llegaron a mi mente, y se fueron antes de que pudiera acostumbrarme ni un poco a ellos. Matar, morir, nacer, golpear, sanar, suicido, homicidio, genocidio, sogas, cuchillos, vendas, sangre, abrazos, lana, tantas cosas. Pero la ira es efímera, lo único que pido cuando estoy en esos momentos es que me dejen llorar sola. Abrazada a mi almohada, que todo lo ve, todo lo oye, todo lo sabe sobre mi. Llorar es desahogar mis penas, sentir como el miedo y la frustración se vuelven líquidos y salen por mis ojos, goteando por mis mejillas, mojando mi amada almohada. Llorar es expresarme, es sentirme yo, es encontrarme conmigo misma. Y cuando ya no me queden emociones que llorar, cuando mis lagrimales queden vacíos, cuando quede seca por dentro, en ese momento sonreiré y el vacío que dejaron esos sentimientos se llenará otra vez con mis emociones cotidianas, con esas que me hacen sentir bien.
 Cuando veas a alguien llorar no trates de detenerlo, deja que se le acaben las emociones malas y cuando termine podrás encontrar una solución a su aflicción.