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30 octubre, 2020

Ya sé,
ya sé que hace meses que no me ves.
Hace meses que no voy a jugar
y no voy a jugar porque no puedo.
No puedo porque estoy acá adentro,
adentro de mi propia cajita personal.

Y te extraño,
extraño tanto que corramos juntos.
Que corramos y me agarres de los tobillos,
que me agarres con tus manos frías, heladas,
y que tus manos frías quieran pasarse
pasarse y agarrar mis pantorrillas,
pasarse y agarrarme las rodillas,
pasarse y querer agarrarme los muslos.
Pero los muslos son mi límite y me río un poco
me río pero también me alejo un poco.
Y no me alejo porque no te quiero,
te quiero, te quiero muchísimo.

Espero que no creas que te olvidé,
no te olvidé, estas en todos mis sueños.
Sueño con tu voz ruidosa, atronadora,
tronando en mis oidos.
Sueño con tu voz serena, murmullante,
que cuenta los secretos del mundo.
Sueño con tu piel sedosa,
que acaricia tibiamente la mía.

Te extraño,
extraño el brillo del sol en ese azul verdoso
ese azul que siento que me conoce entero,
que siento que puede ver todo lo que soy.
Si soy a tu lado, puedo ignorar lo que duele,
y dejar que duela lo que tenga que doler,
porque al dolor lo lava la sal de tus lágrimas.
Y mis lágrimas se pierden en vos cuando lloro.
 

Ahora no estás para mojarme las lágrimas,
y pienso que si lloro lo suficiente,
pueda sentirme más cerca de vos.
Pero solamente siento que mi tristeza
es un mar en sí misma.


24 abril, 2020


En un costurero de lata
   guardé mis anhelos.
Entre mis hilos de bordar
     húmedos de lágrimas
     manchados de sangre de mis dedos.

En un costurero de lata
   guardé mis sonrisas.
Y con cada puntada
   repetía como un mantra
                “Mañana vamos a vernos
                    vamos a vernos mañana”
Mentira tras mentira.
Puntada tras puntada.

En un costurero de lata
   guardé mis hilos de seda
y enredados entre las hebras
   gurdé nuestros sueños en pausa.

En el costurero de mi bisabuela
   cajita de té oxidada,
guardé los  besos, guardé las miradas
      todo lo que quise darte
                                      mientras bordaba.

24 marzo, 2020

Cuarentena


Te fuiste
y me quedé sole
en esta cama de una plaza
de tres metros y medio.

Te fuiste
y de repente
los días tuvieron 24 horas
de mil minutos cada una.

Te fuiste
y me dejaste
un mundo vasto y enorme
y completamente
vacío.